Plataforma Lunes Sin Sol

20 años de la Plataforma contra la Violencia Machista de León

La violencia machista no desaparecerá, mientras no se acabe con la desigualdad real entre hombres y mujeres, causa que la genera y reproduce

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Este año, 2025, se cumplen 20 años desde que se iniciaron las concentraciones en la plaza de Botines para mostrar públicamente la repulsa a los asesinatos machistas y contribuir a la sensibilización sobre este problema social y estructural que está presente en nuestra sociedad. La convocatoria de estas concentraciones se realiza por la Plataforma contra la Violencia Machista constituida para tal fin e integrada actualmente por 18 organizaciones de diversos ámbitos: feminista, político, sindical y social.

Estas concentraciones se convocan los lunes siempre que la semana anterior una mujer haya sido asesinada por un hombre con el que hubiera tenido una relación de pareja. A estos lunes les llamamos «Lunes sin Sol». El número total de «Lunes Sin Sol» realizados hasta la actualidad son 640. Y el número total de mujeres asesinadas y recordadas en las concentraciones: 1.152. Comenzaba la andadura de esta plataforma en abril de 2005 con la reciente Ley Integral contra la Violencia de Género aprobada en diciembre del año 2004, una ley pionera y que aportaba un poco de esperanza ante la barbarie de la violencia machista. Una Ley que fue objeto de muchas dificultades en su aplicación y que ha soportado bulos y mentiras y una cifra abultada de recursos de inconstitucionalidad , aunque todos y cada uno de ellos han sido desestimados por el Tribunal Constitucional. Lamentablemente 20 años después, las cifras evidencian que la violencia machista sigue siendo un problema social y estructural: 1.321 mujeres víctimas mortales por Violencia de Género desde el 1 de enero de 2003 hasta el día de hoy, 65 menores víctimas mortales asesinados por el padre desde 2013, y 485 huérfanos y huérfanas por la violencia machista. Desde la aprobación de la ley en 2004 más de dos millones de mujeres han denunciado la violencia de género sufrida. La alta incidencia de víctimas y denuncias demuestra que las políticas públicas actuales no han logrado prevenir eficazmente la violencia machista y son las instituciones públicas las que tienen un papel primordial en la lucha contra esta violencia. Hoy más que nunca es fundamental reforzar la prevención para hacer frente al negacionismo de la violencia machista que cala especialmente en las generaciones más jóvenes, es necesario trabajar en la transformación de los roles de género y en la construcción de relaciones basadas en el respeto y la igualdad, desmontando críticas que todavía siguen haciéndose como que es una ley que va contra los hombres. Hay que dejar claro que la Ley contra la Violencia de Género va contra los hombres que delinquen agrediendo a las mujeres. La violencia machista no desaparecerá, mientras no se acabe con la desigualdad real entre hombres y mujeres, causa que la genera y reproduce. Queremos políticas transformadoras que acaben con el poder patriarcal. No podemos olvidarnos de la situación que tienen muchas mujeres en el medio rural donde se destacan algunos factores que aumentan la vulnerabilidad de las mismas. Los roles patriarcales perduran de manera más arraigada con una mayor presión social manteniendo los estereotipos atribuidos según el sexo, así mismo esta violencia suele percibirse más como «asunto familiar y privado» y no como un problema social y estructural. Existe una gran cantidad de mujeres relegadas al ámbito doméstico, dependientes económicamente y en un entorno con gran control social. El aislamiento es un factor que incide en la vulnerabilidad de las mujeres que sufren violencia porque no tienen apoyos, ni medios para encontrar una salida. Existe una mayor duración de las situaciones de maltrato (una media de 20 años) donde predomina la dependencia económica de su maltratador y el miedo a ser juzgadas por su propio entorno. A todo esto se añade que

estas mujeres, igual que todas las que sufren violencia, sienten vergüenza, miedo y culpa, pero pocas conocen sus derechos, los recursos de protección a su alcance y ayudas, esto junto al aislamiento geográfico, la dificultad para desplazarse por falta de medios de transporte o de comunicaciones, actúan como freno para romper con la situación de violencia. Por lo tanto hay que proporcionar mayor y mejor atención a las mujeres en el entorno rural garantizando el acceso de estas mujeres a los recursos públicos independientemente de su lugar de residencia. En definitiva, necesitamos medidas eficaces y concretas en las instituciones, en la política económica, social y cultural, en el ámbito laboral, en los cuidados, en el sistema educativo, en el sistema judicial, en la contestación radical a la agresividad legitimada a través del mercado sexual de mujeres y niñas, en el desmantelamiento del negocio del proxenetismo, en penalizar a los violadores, en la desactivación de los discursos que cuestionan el sistema de domino y control machista. Hay que erradicar la violencia como valor social porque las mujeres tenemos derecho a vivir con dignidad, seguridad y autonomía, libres de explotación, malos tratos y todo tipo de discriminación.