En tiempos de cambio, no hacer mudanza
Vamos a partir de esta frase, atribuida a San Ignacio de Loyola, fundador de los Jesuitas, para reflexionar sobre el tiempo que vivimos.
Todo tiempo es de cambio, pero el actual es vertiginoso. Antes había una serie de cuestiones que estaban bastante firmes, como la familia, la religión… y los valores que les eran inherentes. Hoy día todo es más complejo. Familias, hay muchos tipos y maneras, de tal modo que hay que cambiar hasta el diccionario y el mismo libro de familia, para que pueda abarcar al mayor número. Sobre religión, ocurre lo mismo. Antes vivíamos en un país católico, aunque hubiese gente que no profesaba esta fe. E incluso algunos no tenían ninguna, como dice el cantante Víctor Manuel, pero casi era la excepción. Y así podríamos seguir. Estas formas y costumbres nos daban una seguridad y uno sabía, más o menos a qué atenerse. Ahora el mundo es más cambiante y complicado y todos lo sabemos. Tres cambios que han entrado con fuerza: Nos vamos a centrar sólo en tres cambios mínimos, pero que han tomado carta de naturaleza y que nos han venido del mundo anglosajón. —Halloween: hoy parece que siempre estuvo con nosotros, pensarán los jóvenes, pero los que peinamos canas, sabemos que no es así. La víspera de todos los Santos, la gente se solía preparar para visitar el cementerio y recordar a los seres queridos. No había calabazas, ni trivialización de la muerte, ya que se sabía que era algo serio. Para los cristianos el «dies natalis», es decir el nacimiento a la vida eterna, en la que decimos que creemos, por el Credo. Para otras personas un día importante, recordando a sus deudos. Hoy la cosa es más complicada, puesto que muchos han sido incinerados y no reposan en el camposanto, sino en algún lugar solo conocido por algunos o en la misma casa, en la urna que les entregaron de la incineración. Hasta el punto que se hacen chistes como uno que echó unos polvos de un bote que había en la cocina a la comida y el amigo le desveló que eran las cenizas de la abuela. Humor un poco macabro, en este tiempo que se hace chanza de algo tan serio como la muerte. —Black Friday o Blas fraile, como se españoliza el evento. Otra cosa que ha entrado con fuerza y nos invita a comprar sin medida, bajo la promesa de grandes ahorros. Ligado al día de acción de gracias, norteamericano, que cae no sé qué jueves de noviembre. Está bien dar gracias e incluso indultar a un pavo, pero nosotros no somos estadounidenses y podemos dar gracias todos los días. Y como dice el chascarrillo: si no compras nada, te ahorras el 100%. —Papá Noel, el más extendido desde hace tiempo. Entró en competencia con nuestros entrañables Reyes Magos. ¡Qué recuerdos nos trae aquella inocente y maravillosa espera! Aunque recibiésemos una simple pelota o un casco de romano o una muñeca, y no fuese Mariquita Pérez, a la que pocas niñas podían aspirar. Bien es verdad que como dice el humorista Peridis, que dejó de creer en los Reyes, porque a su vecino Manolito le traían una bici, mientras que a él una pelota. Él imaginaba que el año siguiente sería al revés. Pero no. A él le seguían trayendo la pelota y al vecino un caballo o cualquier otro regalo valioso. Hoy día los niños, que son muy listos, no han sustituido Reyes por el viejo gordinflón de rojo, sino que se apuntan a los dos y los padres tan contentos. Por cierto, este personaje viene de san Nicolás o Santa Claus, que se celebra el 6 de diciembre y que los americanos convirtieron en este papá Navidad. Además, para complicar más, cada autonomía tiene el suyo y hasta en León celebran algunos
«la vieja del monte». Esto nos da idea del mundo que vivimos, lleno de complicaciones, frente a conservar nuestras tradiciones, que hasta ahora habían pasado de padres a hijos. Por eso en «tiempo de desolación, como realmente dijo san Ignacio, mejor no hacer mudanza». Y lo contrario de la desolación de este tiempo, en que parece que nada permanece, es la consolación, que necesita nuestra alma, frente a tantas redes, noticias falsas y la inteligencia artificial, que me tentaba para escribir estas líneas ¡Ánimo y a esperar tiempos nuevos, en los que tiene su morada la santidad!