David Díez Llamas

Sociólogo

San Agustín y la autonomía leonesa

Creado:

Actualizado:

Decía San Agustín que «errar es humano; preservar en el error es diabólico». En algún artículo anterior he dicho que «los errores no caducan» y por ello coincido con ese pensamiento de que lo que no cabe es «preservar en el error».

Desde ese planteamiento lo primero es identificar lo que es un error para así poder llegar a subsanarlo. En el caso leonés un error especialmente grave fue incluir la Región Leonesa en la autonomía de Castilla y León. ¿Qué signos evidencian que fue un error? Serían muchos pero trataré de centrarme en aquellos que podemos considerar más relevantes: 1. La evolución demográfica. En 1983 la provincia de León tenía 526.439 habitantes mientras que en 2025 tenía 448.030 es decir perdió nada menos que 78. 409 habitantes. En 1983 las tres provincias de la Región Leonesa representaban el 2.94% del total de España y en 2025 eran el 1.92%. Mientras esto ocurría, el conjunto de las autonomías uniprovinciales aumentaba su peso sobre el conjunto de la población española (+3.46), incluso si excluimos la Comunidad de Madrid también de da ese incremento (+0.87). Si la referencia la establecemos con las autonomías de 3 provincias como Aragón o la Comunidad Valenciana también sería negativa esa comparación. Cuando nos centramos en la propia comunidad autónoma tenemos que la provincia de León representaba en 1983 el 20,32% de total de la comunidad, mientras que en 2024 era el 18.69% es decir perdía -1.63%. En esas mismas fechas la pérdida para el conjunto de la Región Leonesa era de -3.81%. Adivinen quien gana peso, Valladolid pasa del 18.82% (por debajo de León entonces) a un 22%. 2. Los principios democráticos. Los deseos de la ciudadanía. El proceso por el que se incluyó a la Región Leonesa en el marco autonómico de Castilla y León no fue precisamente democrático. A explicarlo y analizarlo dedique mi libro

El Proceso Autonómico Leonés. Todos los estudios sociológicos realizados (incluso los hechos por la propia Junta de Castilla y León) nos dice que antes y ahora hay una clara mayoría de leoneses que desean que León sea una autonomía propia. En ese contexto hay que enmarcar el gran numero de corporaciones municipales (más de 75) que han apoyado el crear una autonomía leonesa. Por el contrario es insignificante el número de los que han rechazado esa moción. Los ayuntamientos que han optado por apoyar una autonomía leonesa representan más de la mitad de la población del conjunto de la provincia (y son más del 90% de los que se han pronunciado). 3. El error es también respecto al objetivo que se perseguía al crear la autonomía de Castilla y León. Frenar los nacionalismos periféricos. Martín Villa fue el ministro que tuvo como misión principal configurar la España de las autonomías. Lo hacía alguien procedente del franquismo y que desde luego no creía en ese marco autonómico. Desde su reticencia busca establecer un «centro fuerte» que contrarreste a los nacionalismos periféricos de vascos y catalanes en un juego de fuerzas centrífugas y centrípetas. Ese «centro fuerte» pretendía ser Castilla y León. Estoy convencido de que a Martín Villa le hubiera gustado que tanto Cantabria como La Rioja se hubieran integrado en ese marco autonómico. Ambas formaban parte de lo que hasta ese momento era «Castilla la Vieja» (repasen los libros para comprobarlo). Sin embargo no tuvo el poder suficiente en ellas para cumplir su objetivo. Sin embargo, en la provincia de León si era el máximo representante de su partido y pudo obligar al resto a aceptar que se incluyera en el marco de Castilla y León. Cuando UCD desaparece, entonces los representantes de ese partido se ven libres de seguir a Martín Villa y se rebelan. Por ello, en votación de la Diputación y por 20 votos a 4 deciden apoyar una moción favorable a una autonomía leonesa. El problema fue que los tribunales no reconocían la facultad de la Diputación para cambiar ese proceso. Pero vamos a ver los resultados en función de ese objetivo. Es claro que en Cataluña las fuerzas que persiguen la independencia han avanzado respecto el porcentaje que representaban al inicio del proceso. En las elecciones a Cortes Generales los partidos nacionalistas en Cataluña y Euskadi alcanzaron en 1977 un total de 20 escaños, en las últimas elecciones han pasado a ser 24. Por otro lado, también se ha producido un proceso de radicalización en esos partidos. Por ejemplo, no es lo mismo la Convergencia de Jordi Pujol al Junts de Puigdemont. En definitiva, podemos decir que también se ha dado un fracaso en los objetivos sobre los que se fundo la autonomía de Castilla y León. Creo que en base a todo ello cabe concluir que ya sea desde la perspectiva económica, como social o la de «contrapeso» la autonomía de Castilla y León es un error. Y aquí termino como empecé este artículo, «preservar en el error es diabólico» así que habrá que examinar los mecanismos que nos permitan cambiarlo.