Piscina en Santa Lucía de Gordón Cofradía del Cristo del Gan poder Recuerdos y verdades históricas
Amigo Paco Castañón, bájate de la burra, y haz caso al portavoz del PSOE, señor Espinella, al que no tengo el gusto de conocer, pero que me parece que te está dando una lección de civismo, de política y de honradez. Paso a explicarme: a nadie se le ocurrirá, en el siglo XXI, construir una piscina descubierta en la comarca de Gordón. Solo a ti, amigo Paco. Bájate de la burra, y bájate el sueldo, porque si no eres capaz de encontrar 15 ó 20 millones de las antiguas pesetas, para poder hacer una piscina cubierta en Santa Lucía, «apaga y vámonos». Bueno, vámonos no, véte. Véte señor Castañón, porque de inútiles están las poltronas llenas. Y con mayoría absoluta en el Ayuntamiento, mayoría absoluta en Diputación, mayoría absoluta en Valladolid y mayoría absoluta en Madrid. ¿Que sería de ti, amigo Paco, si tuvieras que pedir por las esquinas, como les pasa a los del PSOE...? El 26 de mayo espero que haya cambiado el panorama político en La Pola de Gordón, en León, en Valladolid, y que sea un preludio fantástico para que también cambie en Madrid en el año 2004... ¿O quizá nos van a adelantar las elecciones generales...? Roberto Álvarez Revilla (Valladolid). Francisco Aller Gallego, asiduo lector de Diario de León, llama al Teléfono del lector dejando el siguiente mensaje: «Quiero dar las gracias a la banda de la Cofradía del Cristo del Gran Poder por su gran interpretación y en especial a Joaquín, por el gran solo que logró, con el que hizo llorar a toda nuestra junta de seises». Fermín Álvarez Rubio, vecino de Villablino, se pone en contacto con esta sección diciendo: «Dos soldados del ejército español, en ultramar, montaban la guardia en el puerto de La Habana, Cuba, en el sitio llamado El Morro. Discurría el año 1898. Eran leoneses, uno vecino del pueblo de La Omañuela, próximo a Riello, y el otro llamado Manuel Rico, afincado en San Miguel de Laciana y nacido en Sena de San Antolín de Ibias. Sus conversaciones diarias versaban sobre la situación presente que se vivía en Cuba y la presión que sufría España por parte de los Estados Unidos. El año anterior pidió traslado el general Bender, de origen prusiano. Se le conceptuaba como gran militar y humanista, mandaba en los ejércitos de ultramar. Y un día, hace presencia el Maine, un acorazado yankee, viejo y panzudo, fondeado en la bahía, al que ellos no le encontraban justificación. Días después, sufre una gran explosión y se hunde, culpándonos a nosotros y declarándonos la guerra. Escuché y admiré a estos dos soldados. Nos decían: "Estos no son trigo limpio y seguirán haciéndolas, porque el que hace un cesto, hace un ciento, si le dan brigas y tiempo"».