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FEDERICO ABASCAL
León

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MIENTRAS en los socialistas se observa un cierto abatimiento, Aznar recomienda al PP que no se deje arrastrar por la euforia. La euforia «popular» se debería, más que al hecho de no haber fracasado en las recientes elecciones municipales/autonómicas, al problema originado en el PSOE por la defección de dos de sus diputados en la Asamblea madrileña. La estrecha victoria socialista, pero victoria al fin, el pasado 25-M parece disipada. Como casi todos los lunes, ayer se reunieron en sus respectivas sedes las direcciones de los dos partidos. El comité ejecutivo nacional del PP realizó un corrimiento de cargos para cubrir el dejado vacante por Pío García Escudero, que salta al ayuntamiento de Madrid desde el área de organización del partido. La ejecutiva socialista se ve obligada, en cambio, a sustituir a dos diputados tránsfugas, con vista a las elecciones autonómicas del próximo otoño, y a realizar la penosa digestión interna del escándalo que esa felonía ha producido. No son imágenes de espejo las del PP y del PSOE. La de aquél es exultante; la de éste reflejaría un cierto desaliento. Y como el desaliento suele conducir al victimismo, los socialistas estarían sintiéndose víctimas de las trabas que el Fiscal General del Estado pone a la investigación de una supuesta trama de interés políticos, inmobiliarios y urbanísticos en torno a la traición de sus dos diputados. Y advierten también de lo que podría suceder si Jesús Cardenal impidiera a la Fiscalía Anticorrupción tomar catas en el asunto. Todos los vientos parecen soplar en contra del PSOE. Aunque se forme en la Asamblea de Madrid una comisión parlamentaria para investigar el escándalo, tan supuesto como verosímil, el PP ya ha anunciado que lo que debe investigarse es el interior de la Federación Socialista Madrileña (FSM), de donde emana la pareja de tránsfugas, y no las reservas de habitaciones o de una suite en ciertos hoteles realizadas por promotores inmobiliarios, afiliados al partido, a favor de los dos tránsfugas o de un reciente matrimonio entre un abogado vinculado al PP y una elevada militante de ese partido. Las reservas sorprendentes en hoteles, además de indicios de culpabilidad desdeñados por el Fiscal General, parecen ya un hábito consolidado en el PP. Por ese camino sólo llegarían los socialistas a demostrar una serie de casualidades.

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