PANORAMA
Quéjate mucho
UN PRESUNTO joven confesaba recientemente en un periódico, en el que tiene colaboración fija destacada, que se sentía infravalorado, desubicado, preso de una dramática situación inmobiliaria y laboral sin salida, como toda su generación. Utilizaba una primera persona del plural tal vez excesivamente abarcadora: nosotros los jóvenes nos sentimos desubicados, etcétera. Él lleva diez años en el oficio, pero ya no le gusta, aunque escriba en un periódico de campanillas. Es como esa noticia de que todas las chicas se sienten gordas, lo estén o no. Algunas lo estarán efectivamente, pero a otras sería bastante razonable decirles que se estaban planteando problemas inexistentes. Desde que el candidato a sucesor habló de este asunto, encuentro una cantidad tan grande de problemas inexistentes por todas partes que voy a acabar viviendo en la pura inexistencia. Esa pregunta de ¿lo cuentas porque lo sientes o lo sientes porque lo cuentas? debe convertirse en alguna de las primeras que nos hagamos cada vez que alguien se pone a lamentarse en público de lo mal que le van las cosas y de lo víctima que es él de lo que le está sucediendo. Del otro candidato también hemos aprendido este verano recién terminado que la culpa de todo la tienen siempre los demás, siempre, siempre y nunca, nunca se debe a la capacidad suya de errar. Pero siempre, siempre, porque esa mentalidad tiene algo de bolero, de canción de amor despechado, suena a: la chica se fue con otro y yo, que me han colocado, todavía imberbe, en el periódico de campanillas, a decir que sufro mucho por ello, y que estoy desubicado como le pasa a toda mi generación, aunque sea el único de la tal generación que en realidad esté a cuerpo de rey, incluso puede que por sus propios méritos, porque escribe bastante bien.