EL RINCÓN
Plan Rumsfeld
YA NOS CAÍA bastante antipático el secretario de Defensa norteamericano, que ha hecho méritos para que le nombren secretario de Ataque, pero lo de ahora es excesivo. Ha anunciado un programa de festejos veraniegos en el que sitúa a España como blanco terrorista. En su opinión, estamos en el punto de mira de los fanáticos que no tienen ningún miramiento en matar y de paso, matarse. Deberían invertir los términos estas criaturas de Alá, y moderar su impaciencia para subir al cielo. Si se suicidaran primero, llegarían sin pérdida de tiempo y nos dejarían un rato más aquí a quienes no tenemos la menor prisa que pasar a mejor vida. El calendario de fiestas veraniegas de Rumsfeld prevé ataques a Estados Unidos, por supuesto, pero también a otras diez o quince naciones, entre ellas España. ¿De qué quieren vengarse ahora? Ya no quedan soldaditos españoles en Irak. ¿Cómo no se dan por satisfechos los estrategas de catástrofes con el abominable atentado de Atocha? En vano se esfuerza mi admirado Pedro Martínez Montávez en explicarnos que hay que luchar, a la vez, por erradicar tanto el terrorismo como el neoimperialismo. De momento, hacemos todo lo contrario: ensanchar cada vez más la zanja hasta convertirla en una fosa común. Confiemos en que las dotes de adivino de Donald Rumsfeld sean semejantes a sus otras condiciones. Anunciar bombazos para el largo verano puede hacerlo aún más cálido y no es lo mismo morir de calor que morir achicharrados. Su vaticinio ya ha caído como una bomba. Muy comedidamente, el ministro Moratinos, que da la impresión de que no es propenso a llevarse disgustos, ha calificado sus declaraciones de poco oportunas. Un poco más allá ha ido María Teresa Fernández de la Vega, que ha dicho que «son una imprudencia y una irresponsabilidad», pero lo cierto es que nadie ha desmentido el macabro augurio. ¿Por qué no nos tranquilizan? El Gobierno no puede decir eso de «lo que sea sonará». Podemos creer que le ha explotado un globo al niño que juega en la orilla. 1397124194