CON VIENTO FRESCO
En vanguardia
LA VANGUARDIA es la parte de un ejército que, durante el ataque, va delante. Ir en vanguardia es, por tanto, ir en cabeza; a veces ir de cabeza. Lo de la vanguardia es una idea muy querida de la izquierda. Lenin definía al Partido como la vanguardia de la clase trabajadora, por su función desbrozadora del camino en la lucha final. La realidad histórica de tal vanguardia fue separarse tanto de los que decía representar que quedó convertida en un grupúsculo de privilegiados a horcajadas del proletariado. Es también un término aplicado al arte. Para algunos artistas ser la vanguardia significa ser un ariete, una punta de lanza rompedora de lo académico, lo convencional, de todo lo que huela a conformismo y elitismo. Las vanguardias querían un arte para el pueblo, pero lo revolucionaron de tal modo, que al final lo convirtieron en algo aún más elitista e incomprensible, ajeno al gusto estético de la mayoría. Es la paradoja de estos grupos: van tan por delante que quedan con el culo al aire. El gobierno socialista está convirtiendo a España, antes la reserva de occidente, en la vanguardia del mundo mundial. Lo ha dicho el ministro de justicia, López Aguilar. Primero fue la decisión de Zapatero de salir corriendo de Irak, actitud realmente vanguardista ésta de colocarse a retaguardia. Esta decisión nos ha enfrentado a USA y nos ha dejado más solos que la una, pues nadie ha seguido a España en tal heroica huida, ni siquiera Francia y Alemania, que alentaron a Zapatero en su lucha contra el imperialismo yanki. Sus consecuencias ya se han dejado sentir. En Irak la huida ha coincidido con una intensificación de los atentados terroristas indiscriminados por parte de los sectores islamistas más radicalizados; y con los chantajes y asesinatos de extranjeros para lograr que sus gobiernos saquen a sus tropas de aquel país. En España esta acción ha tenido una primera consecuencia en la crisis de los astilleros, pero nos libraremos -¡qué risa!- de nuevos atentados islamistas, y eso da votos. No sé la relación de esa política en Irak con el aumento del número de homosexuales, que según el gobierno supera el 10%, algo más de cuatro millones. Esta cifra, de ser cierta, nos pone a la cabeza del resto del mundo en una proporción cercana al triple. Si fuese cierta, que no lo es, ya no extrañaría tanto la decisión de la pasada semana sobre el matrimonio de los homosexuales, y que con la nueva ley, según el señor Aguilar, España se haya puesto en vanguardia en la defensa de tales uniones. Cierto, ningún país del mundo ha aprobado una ley de consecuencias tan imprevisibles como ésta. Países de nuestro entorno, como Francia e Inglaterra, no lo han hecho, e incluso algunos dirigentes socialistas, como Jospin, lo reprueban radicalmente. Es un error de los socialistas franceses, porque una bolsa tal de votos bien merece una ley como ésta. No importan las protestas del Vaticano o de los católicos españoles -¡que se fastidien!-, al fin y al cabo son una exigua minoría de un 80 por ciento, y además no votan a los socialistas. El gobierno de Zapatero, señor Acebes, no pretende volver a la dialéctica de la IIª República, sólo es una cuestión de votos y poder. Cuestión de poder, de mantenerse en él a toda costa, pactando con los enemigos más cerriles, es también la política sobre el problema más grave que tiene España, el nacional; problema aparentemente invisible para la mayoría de los ciudadanos, pero muy real y de gravísimas consecuencias. También en esto el gobierno va en vanguardia, aunque con una ceguera que nos conduce al abismo, pues se están dando pasos irreversibles, sin posible vuelta atrás a no ser de forma traumática. El proceso de desmantelamiento del estado nacional y su sustitución por una serie de nuevos estados independientes es una novedad en Europa, que ningún país del continente con un mínimo de sentido común va a seguir, porque es un suicidio colectivo. Esta vanguardia conduce a tal velocidad que al final nos va a estrellar.