DESDE LA CORTE

...Y andan por ahí gritando «¡Viva España!»

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FERNANDO ONEGA
León

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LOS EXEGETAS españoles del triunfo de Bush irradian entusiasmo. Están felices como si les hubiera tocado una quiniela. Hablan, predican, escriben y entienden que el pueblo americano sí que sabe votar, no como otros. Es lógico. Lo que me sorprende es que, en su contemplación triunfal de la victoria, niegan que la sociedad americana haya quedado dividida. Destacan que todo ese pueblo quiere lo mismo, que es el bien de su país, al margen de quien ocupe la Casa Blanca. Y, naturalmente, elogian el talante del ganador y el perdedor, dispuestos a arrimar el hombro en la tarea colectiva. Eso es patriotismo. Digo que «me sorprende», porque es exactamente lo contrario de lo que ellos hacen en España. Desde el miércoles, los comunicadores más combativos se han dedicado a fustigar y ridiculizar al gobierno español. En el ámbito político, el PP ha puesto el mismo empeño, con una estrategia: recrear los asomos de antiamericanismo de algunos ministros para debilitar al Gobierno y a su presidente Rodríguez Zapatero. Y, como cierre de espectáculo, don José María Aznar, el hombre que se llena la boca con la palabra España, publicó un artículo en el periódico americano que llamó a los españoles «aliados de Osama Ben Laden». Eso también es patriotismo. Pero patriotismo cainita. A la española. A poco que se hurgue en esa palabrería, se descubre una intención: todos esos señores estarían encantados si, efectivamente, hubiera represalias de Estados Unidos contra España. Disfrutarían como enanos si esas represalias supusieran algún perjuicio para los 43 millones de españoles. Celebrarían que hubiera fugas de empresas americanas de nuestra geografía, aunque ello provocara miles de despidos. ¿Sabéis por qué? Porque les importa un pimiento el interés nacional. Lo único que les importa es deteriorar algo a un gobierno que ha cometido el horrendo delito de derrotarlos en las urnas. Con el fin de que Zapatero pierda una décima de su respaldo popular, todo un señor que era presidente del gobierno de España hace sólo medio año, señala ahora con el dedo a su sucesor con un rencoroso aviso -¿o delación?-de que tendrá más difíciles las cosas. ¡Qué miseria, Dios mío! Si esos señores tuvieran algo de sentimiento nacional, estarían ofreciéndose al Gobierno para ayudarle a salir de las presuntas dificultades con que se van a encontrar. Si José María Aznar fuese capaz de superar esos síntomas de resentimiento que le inspiran, estaría ofreciendo su mediación para servir de puente con su amigo Bush. Pero, claro, ¿cómo va a hacer eso? ¿Cómo mancharse las manos con su ayuda a un equipo socialista? ¡Húndase Rodríguez Zapatero, aunque con él se hunda el país! Y luego van por ahí gritando «¡Viva España!"¿

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