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JOSÉ CAVERO
León

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COMO EN TANTAS otras ocasiones, en ausencia de parlamento, y de una ocasión específica, el debate sobre la reformas constitucionales pendientes y anunciadas por el jefe del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en su discurso de investidura, se produce en mítines de ocasión y se reproducen en la prensa. Son, por consiguiente, debates de papel, o en el parlamento de papel, como también se les denomina. Pues, bien, en esa tribuna, el presidente del Partido Popular viene advirtiendo repetidamente al jefe del Gobierno y a los restantes interesados en la materia que, por su parte, no habrá la menor disposición a abrir cauce siquiera al debate sobre una eventual denominación de España que modifique la actual de nación. Ni nación de naciones, ni comunidades nacionales catalanas, vasca o gallega serán términos o fórmulas que dén por buen ni Mariano Rajoy ni sus colaboradores en la dirección del Partido Popular, según viene advirtiendo el líder popular. Cabe preguntar si la advertencia la hace únicamente a Rodríguez Zapatero, a Pascual Maragall, a los socialistas vascos, o si también hay en esas advertencias otros destinatarios, como el propio dirigente popular catalán Josep Piqué, o acaso el presidente de la comunidad valenciana, y hasta a Esperanza Aguirre u otros dirigentes regionales que pudieran tener la tentación de dar por buenas algunas fórmulas que dieran por buenas y por válidas las fuerzas nacionalistas. Ya se ha tenido oportunidad de comprobar que no siempre Mariano Rajoy ha merecido el aplauso y la aceptación plena y cerrada de los suyos: recuérdese lo que sucedió cuando la conferencia de presidentes autonómicos, y el mismísimo Manuel Fraga prefirió alinearse con el Gobierno, su convocatoria y su orden del día, dejando de lado los deseos de Mariano Rajoy y sus lugartenientes. ¿Está ahora convencido de que Josep Piqué preferirá destacar lo que le separa y no lo que le asemeja a las restantes fuerzas políticas catalanas, a la hora de determinar su actitud definitiva ante la reforma que se pretende realizar en el Estatuto catalán? De momento, está claro que Mariano Rajoy está trasladando a Rodríguez Zapatero un mensaje: los socialistas no podrán hacer en soledad las reformas sustanciales que se van a acometer en el año que llega. Les falta consensuarlas previamente con los populares, y sin ese mutuo acuerdo previo será inimaginable que se produzca el suficiente avance. De ahí también el reiterado deseo de Mariano Rajoy de conseguir que Rodríguez Zapatero acceda a relatarle realmente hasta dónde piensa ceder, a qué punto está dispuesto que lleguen las reformas que ya están puestas en marcha. José Luis Rodríguez Zapatero parece haber decidido tomárselo con mucha más paciencia y con evidente tranquilidad. Primero, que decidan los respectivos parlamentos de cada región o comunidad autónoma. Y luego será el Congreso de los Diputados el que determine, siempre de acuerdo, por supuesto, con el marco de la Constitución... Y si es preciso, considerando la eventualidad de proceder a retocar ese marco para que los nuevos estatutos tengan perfecta y cómoda cabida...

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