AL TRASLUZ
Sacrificio
DE SU garganta sólo salieron ininteligibles sonidos. Sin embargo, qué claro fue su mensaje, sin necesidad de las palabras. Indudablemente, existe la dignidad de las formas externas, pero qué son éstas comparadas con las que irrumpen del corazón de un hombre. No hubo nada degradante en la imagen de Juan Pablo II luchando por hablar, porque el dolor nunca lo es, ni siquiera la decrepitud física o psíquica que precede a la muerte. La idea cristiana de la redención apoya su pilar, uno de ellos, en el sacrificio por los demás. No es un político aferrado al cargo, sino un Papa coherente con su compromiso espiritual. Ahora bien, una vez reconocido esto, admitida la ejemplaridad de su entrega, no creo que ninguna fe se resintiera si el Pontífice sigue velando por nosotros ya desde otro ámbito, es decir, desde un merecido retiro. Su sacrificio ya ha calado. Lo que ya me parece tendencioso es esgrimir que hay una jerarquía vaticana indiferente a su sufrimiento, sólo interesada en el escalafón. Ser Papa no es un trabajo, sino una misión. La suya ha de ser a priori hasta el final, cómo no iba a serlo en una religión en la que el Hijo de Dios asumió morir crucificado, sin embargo ¿no hay indicios razonables de que ese final puede haber llegado ya? Difícil respuesta, no sujeta a la lógica convencional. Hermosa y aleccionadora bendición sin voz. Quién sabe qué energías positivas pondrá en esa marcha ese sufrimiento acatado, en qué destino prenderá. Nada es para nada. Las piezas del gran puzzle se ordenan solas, aunque necesiten su tiempo para desvelarnos su imagen oculta. Y qué mundo tan misterioso el nuestro, capaz de lo mejor y de lo peor, de crear belleza y horror.