TRIBUNA

Jornadas literarias de Ponferrada, una reflexión Blair da una patada a España en el trasero de Francia

Publicado por
DAVID MARTÍNEZ VALLEJO PEDRO BARATO TRIGUERO
León

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QUISIERA destacar varios aspectos del nulo éxito de las segundas jornadas literarias en Ponferrada, que este año han llevado como lema «El Castillo, Metáfora del Amor». En primer lugar, la poca curiosidad que ha suscitado el tema elegido; este punto tiene una solución controvertida, que radica ya en las mismas bases del propio encuentro anual: ¿resulta atractivo para la gente de a pie oír distintas versiones sobre leyendas de la Cueva de la Mora, o ciertas elucubraciones sobre aspectos históricos o funcionales de los castillos? ¿Debe ser un encuentro para etnógrafos, historiadores y especialistas, o debería insistir en aspectos más lúdicos donde lo literario se pierda en sus propios juegos? En Ponferrada uno tiene la impresión de que siempre se habla de lo mismo, de Las Médulas, del Camino de Santiago o de Gil y Carrasco, echándose en falta algo que no esté vinculado a este regionalismo tan exasperante a veces. Quizá deba de revisarse el planteamiento global de las jornadas, pues se han cometido similares errores a los del año pasado. En segundo lugar estaría el inmenso esfuerzo que se pidió al asistente, quien después de salir del trabajo se había de enfrentar a tres conferencias seguidas con cinco minutos de descanso entre ellas, ímprobo sacrificio que además relegó hasta las nueve de la noche a las grandes figuras de Colinas y Mestre. Aquí la solución sería sencilla pues bastaría espaciar las actividades, mejor un acto o dos por día que nueve agotadoras exposiciones en tres días, que espantaban ya desde el primero a sus posibles espectadores. En tercer lugar, la escasa o nula propaganda que se ha hecho, y eso contando con el apoyo de dos Premios Nacionales de Literatura -Santonja y Colinas- y con un espléndido poeta de aquí sobradamente conocido y estimado por todos en el caso de Mestre. De cualquier modo, me sorprendió que entre los oyentes de estos dos poetas (¡ay! una veintena de personas en la jornada de Colinas, y una treintena durante el día de Mestre, contando promotores y amigos) no hubiera una sola persona con un libro del autor para que se lo dedicase. ¿Se lee poco en El Bierzo? A lo mejor habría que empezar por ahí, asumiendo que lo cierto es que se lee excesivamente poco, o si no pregunten a los libreros. Sin duda en Ponferrada pesa el lastre del sempiterno abandono cultural, tristemente representado en esas camarillas que por fuerza o por gregarismo se han reunido -o se han visto impelidas a subsistir- en torno al poder de turno. Aunque nos pese, Ponferrada sigue con su ineducada alma de pueblo, yo no sé si ansiosa o no de ponerse al día, pero muy necesitada de recuperar el tiempo perdido con mejores empeños. Para empezar sería bueno aplaudir y reconducir esa implicación del Instituto Castellano Leonés de la Lengua, de un didáctico José Luis Puerto, de una partipación muy desigual de sus ponentes, del Ayuntamiento de Ponferrada y de los desvelos de su concejal de cultura, pero sin olvidar que el encuentro ha quedado en agua de borrajas con el doloroso balance de un centenar de participantes en tres días. Y aviso para navegantes a la caza de nuevos estímulos para la ciudad: Sánchez Dragó no es ni la sombra del que era... Y ya puestos, ¿para cuándo un gran homenaje hacia Antonio Pereira en Ponferrada? LA ACTITUD del primer Ministro Británico en la pasada Cumbre de Bruselas y las recientes declaraciones vertidas en su discurso ante el Parlamento Europeo en vísperas de iniciarse la presidencia europea del Reino Unido, constituyen un grave ataque a la Política Agraria de la UE. En principio, podríamos pensar que este ataque va dirigido a Francia, primera potencia agraria europea y, por tanto, primera receptora de los fondos de la PAC. Sin embargo, no debemos olvidar que España recibe anualmente más de seis mil millones de euros en retornos agrarios, siendo el segundo Estado Miembro receptor de estos fondos. La diferencia estriba en que Francia tiene unos altos rendimientos de sus cultivos mientras que los nuestros son los más bajos de Europa; que Francia es un país rico y puede permitirse financiar a sus agricultores, algo dudoso en nuestro país; y que la clase política francesa es muy sensible a los intereses de sus agricultores, algo que nunca han demostrado los políticos en nuestra España democrática. Por tanto, nuestra agricultura podría ser la más perjudicada si prosperan las propuestas de Tony Blair de una cofinanciación, una renacionalización o incluso una eliminación de la PAC. Afirma Blair que la PAC se lleva el 40% del presupuesto comunitario, y que sólo repercute en el cinco por ciento de la población y que los fondos deberían destinarse a otras políticas más sociales y a investigación. Sin embargo, olvida decir que el presupuesto de la Unión es de poco más del uno por ciento de la Renta Nacional Bruta de la UE, varias veces menos de lo que los Estados Unidos destinan a la Reserva Federal. También olvida que la agricultura no es sólo la producción agraria y que su actividad involucra a una industria complementaria (semillas, tratamientos, maquinaria, transporte, embalaje, etc.) que sin ella desaparecería del medio rural. También parece olvidar las funciones externas de la agricultura en la ordenación territorial, en la fijación de la población al medio rural y en la conservación de paisaje y el medio ambiente. Olvida también decir que la PAC es la única política verdaderamente común de la UE y que hunde sus raíces en la propia construcción europea. Por tanto, al ser la única política común, no parece tan extraño que acapare una parte importante -cada vez más baja- del presupuesto. Sin ir más lejos, si unimos los gastos en defensa de los Estados Miembros significaría el 4% del PIB europeo. Dice Blair que hay que reformar la PAC. Sin embargo, olvida decir que la última reforma tuvo lugar en 2003 y que su ministro de agricultura estaba en las negociaciones. También olvida que no puso ningún reparo a que sus ganaderos recibieran en la segunda mitad de los 90 más de mil millones de euros para paliar los efectos de la mayor crisis alimentaria, crisis que también parece olvidar fue provocada por sus industrias fabricantes de piensos para animales. Si no hubiera habido PAC, estos ganaderos estarían completamente arruinados. El primer ministro británico ha hecho gala de un gran olfato y oportunismo político, aprovechando la ruptura del eje franco-alemán, para erigirse en el único líder europeo e imponer sus posiciones en el Consejo Europeo, manteniendo el cheque británico y sembrando dudas sobre la PAC. Es absolutamente necesario que Europa tenga un líder fuerte que garantice el futuro de la agricultura y de nuestras explotaciones. Sin embargo, para ser un líder europeo no basta con sonreír mientras se deambula en solitario por los pasillos del Consejo.

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