Ya es hora
El pasado día 24 de diciembre, en el suplemento especial de Navidad del Diario de León, apareció un artículo mío titulado «¡Qué mal hablan!». Se trataba de un relato literario que comenzaba con una anécdota real que me ocurrió en la Ribera del Órbigo, donde una mujer, que se caracterizaba precisamente por las muchas y hermosas palabras leonesas que utilizaba, me contaba que la gente de la Cepeda «hablaba mal». Años de represión en las escuelas y de castellanización forzosa han hecho creer a mucha gente de nuestros pueblos que emplear palabras auténticamente leonesas como gocho, dir, enriba, forca, oreya, murnia o tiba es «hablar mal». No, no es hablar mal. Son unos muy prestosos ejemplos de nuestra lengua leonesa, despreciada y arrinconada. Creo que cuantos más vocablos de éstos utilicemos, y en más ámbitos distintos, más estaremos contribuyendo a la riqueza de nuestro lenguaje: lo que no podemos hacer es permitirnos el lujo de ver cómo esta fala desaparece poco a poco. Parece ser que algunos vecinos de Quintanilla del Monte, pueblo cepedano, se han visto ofendidos por ese título de «hablar mal», lo cual me asombra, ya que el artículo persigue precisamente todo lo contrario: es una crítica a aquellos que dicen que hablar (y escribir) en leonés es algo arcaico, negativo o «inexistente». Y es un agradecimiento, una alabanza, un elogio, a pueblos como éste, cuyas gentes conservan en su habla verdaderos tesoros filológicos que, esperemos, no sólo no se pierdan, sino que se potencien y fomenten entre las nuevas generaciones. Más aún, se podría decir que el artículo es un verdadero homenaje a Quintanilla, pese a que -por otro lado-, se trata de un nombre que escogí totalmente al azar. Un abrazu pa los cepedanos y pa toos los falantes de llïonés. Emilio Gancedo (León). Me dirijo a su periódico con la intención de agradecer el trabajo que día a día hacen con nuestros mayores todo el equipo de la «Residencia Mixta de Mayores». Mi madre, después de cuatro años de residente ha fallecido allí. Descanse en paz. En primer lugar quiero resaltar el cambio tan positivo a nivel humano y profesional de la nueva directora. La dedicación del equipo de ATS, médico y asistente social, y el trabajo directo que realizan algunas de las auxiliares de la segunda planta, con nuestros familiares. También algunos de los familiares no olvidamos las obligaciones que tenemos con nuestros seres queridos que están ahí. Quiero agradecer a todo el personal que hace posible que todo funcione lo mejor posible para los residentes. Desde aquí hago una llamada a los responsables políticos para que sigan creando plazas públicas y residencias para los futuros «mayores» que tendrá este país. María Vázquez Rodríguez (Ponferrada). Me gustaría expresar mi más sincero agradecimiento a Hosteleón, Palacio de Jabalquinto y a todas las personas que hicieron posible que la comida del domingo día 8 de enero fuera una realidad y no una mera idea que se pasa por la cabeza y no se lleva a cabo. Este tipo de iniciativas, al alcance de muchos, se podían repetir más de vez en cuando y no tiene porqué ser sólo en Navidad; sino a lo largo de todo el año. La verdad es que no nos cuesta nada ayudar y hacer feliz a los demás y en este caso a los que más lo necesitan; puesto que este día fue una sorpresa para ellos ver que en el lugar de siempre les estaban esperando una nueva comida y una nueva gente dispuesta a recibirles y a servirles con una sonrisa. Este tipo de actuaciones, creo, no se pagan con dinero; valen realmente mucho más. Noelia González Blanco (León). Domingo Fernández García (León).