LA BRÚJULA
El tránsfuga
EN ESTA época de leyes igualitarias también puede y aún se debe de hablar de los tránsfugas; de todos modos creo que el titulo de esta brújula es suficientemente explícito. Se trata de un fenómeno que ha florecido en los tiempos de la monarquía parlamentaria. Sin partidos políticos, sin un sistema parlamentario a nivel municipal, autonómico y central, no cabe esperar que florezcan los tránsfugas. Muchas veces, la fidelidad a un partido político frena la corriente de los tránsfugas. Recuerdo que, en los anales de la democracia británica, una figura descomunal, como lo fue la de Winston Churchill, decía, al regresar a su partido de origen que nadie podría medir la enorme distancia que le había separado de los escaños torys porque sus años en los escaños liberales habían supuesto una suerte de destierro. Pero, de lo que quiero hablar no es de las nobles tribulaciones del león de la Segunda Guerra Mundial, sino de movimientos de índole semejante a los de los de los reptiles; quiero referirme a los que han hecho un modo de vida del desplazamiento de un grupo a otro. Con mayor concreción quiero referirme a los que obteniendo un mandato popular, al socaire de un partido político, logran, una y otra vez, cambiar de abrigo si de tal manera caben llamar la atención, a pesar de que no pasa de ser una simple y mera capa pluvial. Quiero referirme a una lacra de la política española, principalmente de los últimos años, a nivel municipal, autonómico y central, que muchas veces, y así en muchas ocasiones de palabra y por escrito; no dejan de recordarme el sinuoso camino de avance de las amebas. Mas de una vez un compañero zoólogo solía explicar los avances de los reptiles, a fuerza de arrastrarse. Todo se explica, como sucedía en Teoría 3 , si se tiene en cuenta la aparición del dinero en el mercado político. Y que nadie olvide la influencia del factor metálico en conocimientos digamos que dominas. Así hemos leído de un prominente líder del PP, llamado el Pollo de Benidorm, que su afán, en el supuesto de entrar en política seria «forrarse». Parece que lo ha conseguido como se desprendía de su Terra Mitica. Tampoco he olvidado el espectáculo verbenero de las elecciones en Madrid que hubo que repetir para que la venta de los dos tránsfugas Tamayo y Sáez tuviera el fruto apetecido y Esperanza Aguirre entronizada. Por lo menos la entronización de Amadeo de Saboya costó la sangre del general Prim. No puedo disimular un cierto clima de escepticismo ante esta especie de Pacto contra el Transfuguismo que airea mi buen amigo, el economista Jordi Sevilla. No voy a negar la buena voluntad de todos los que intervienen en esa especie de nuevo Pacto porque me aseguran, y quiero creerlo, que tanto en el PSOE como en el PP abundan los que sienten dolorosos espasmos estomacales. ¿Y en León qué?