LA VELETA
El PSOE ofende a Israel
YA HABRÁ tiempo de emitir juicios de valor sobre las actitudes que han adoptado las partes en este nuevo conflicto de Oriente Próximo, y de que el socialista José Blanco, número dos del PSOE, reitere, matice o corrija su opinión de que el ejército israelí tira a dar a los civiles libaneses, porque el momento exige que todo el esfuerzo de la comunidad internacional se dirija a un alto el fuego, a frenar la secuencia de muertes inocentes. Desde que estalló la provocación de Hezbolá a Israel, inmediatamente después de la de Hamas, seguida de la respuesta del ejército israelí, que está haciendo una exhibición de su altísimo nivel tecnológico, muy superior al de cualquier otro ejército de Oriente Medio, hasta que Washington envió a Condoleezza Rice al terreno de operaciones, más que hablar del alto el fuego, en Europa se debatía el derecho de Israel a defenderse, traspasando incluso el límite de la mesura, dada su situación en un entorno que le es, excepto en su frontera egipcia y jordana, visceralmente hostil. Y el Gobierno español no ocultó su interés por mostrarse ecuánime, evitando apoyar a Israel frente al padecimiento infligido a los libaneses, por cuya sociedad se extienden los misiles y la infraestructura de Hezbolá como una metástasis siniestra. El ministro Moratinos, que ha trabajado en Oriente Medio por mandato de la UE, corrigió suavemente lo que el PP y Rajoy habían criticado en las primeras declaraciones de Zapatero, una supuesta o solapada simpatía por la población palestina. Y luego llegó la foto del pañuelito palestino al cuello del presidente y, lo peor de todo, lo que al PSOE va a acompañarle mucho tiempo, dañando su respetabilidad/responsabilidad, es la frase de Blanco en la que afirma que los muertos civiles causados por el fuego del ejército de Israel no son daños colaterales sino «un objetivo buscado». Las relaciones hispanoisraelíes se han tensado como nunca en los veinte años de mutuo reconocimiento diplomático, y al menos en la embajada de Israel en Madrid el enfado del embajador Harel, hombre habituado a contemplar sin aspavientos el antisemitismo español, ha sido notorio. No le importa al embajador que a los judíos residentes en España se les desaconseje tocarse con la «kippa», excepto obviamente en las sinagogas o reuniones privadas, y procura que le resbalen las pintadas insultantes y amenazantes que, en Toledo por ejemplo, amanecen en la breve fachada de una librería, propiedad de católicos, en la que se vende literatura judía, religiosa incluida naturalmente. Zapatero salió ayer en León en defensa de su secretario de organización, quien no parece creer, a pesar de unas matizaciones muy suaves, que Israel pueda sentirse dolorido e irritado por sus acusadoras palabras.