AL TRASLUZ
Rodajes
DÍAS atrás he sabido que El bueno, el feo y el malo se había rodado hace cuarenta años en Burgos, en el verano de 1966. Recuerdo que cuando se estrenó en España fue considerada fuerte, porque los personajes no hablaban precisamente como académicos, si descontamos al difunto Cela. Hoy los tiempos han cambiado tanto, que nuestros hijos la considerarían no sólo muy lenta, sello estilístico de Leone, sino con poca acción, lo que es para echarse a temblar. Pese a mi admiración por Eastwood, hay otros rodajes extranjeros en España a los que me hubiera gustado más asistir, no digamos ya participar como extra, aunque fuese en un fugaz plano junto a cientos de anónimos. Por encima de Doctor Zivago me quedo con Campanadas de Medianoche , de Orson Welles. Quien sí tuvo la suerte de estar allí en varias ocasiones fue el ex subdelegado del Gobierno, Víctor Núñez, con quien comparto aficiones pictóricas y la admiración por las obras de Shakespeare que inspiraron esta gran película. En las dos partes de Enrique IV el escritor inmortalizó la amistad traicionada entre el príncipe Hal y el siervo Falstaff. En una memorable escena final, el príncipe, ya en la ceremonia de su coronación, le espeta a su viejo mentor y guía de juergas, con la soberbia del poderoso: «no te conozco anciano». La película tenía detrás a un estilista del lenguaje fílmico, pero también del corazón humano. Welles rodó su película como quien ha de cumplir un sueño imposible, convirtiendo molinos en gigantes. Sí, ese es el rodaje en el que me hubiera gustado estar. Con Falstaff, para darle consuelo en su herida invisible, y pagarle un banquete. Seguro que Víctor Núñez se apuntaba.