AL TRASLUZ
Sobran llamas
CON TRAMA O SIN ELLA, han sido demasiados incendios como para explicarlos con la estadística de la fatalidad. Demasiadas llamas. Ahora, quedan los políticos y sus cortinas de humo. Independientemente de la eficacia con que hayan sido dirigida las operaciones, este debate no debe apartarnos de las primeras y más urgentes preguntas: ¿quién y por qué?. Nerón ordenó quemar Roma. Los historiadores discrepan sobre la pieza que interpretó con su lira, pero todos coinciden en definirlo como uno de los mayores monstruos de la Historia, un ser débil a quien el poder le impregnó de un espejismo de fuerza; todo él era un incendio. Lo sucedido en Galicia ha sido obra de una legión de nerones, se conozcan o no entre ellos; inquieta pensar que harían si tuvieran garantizado no ya el anonimato, sino la impunidad. Es lógico que la sociedad gallega exija saber quiénes han sido los autores. Tanto el ego del pirómano como el del sicario dejan su rastro. Sea como sea, conspiración, venganza, desequilibrio o accidentes, todo deja una pista, aunque sea en la mirada. Este ataque contra la naturaleza no se puede traducir únicamente en las miles de hectáreas arrasadas, es además una brutal agresión contra la identidad colectiva de un pueblo, contra su memoria. Precisamente por ello, porque se trata de un ataque contra todos y todo, resulta desconsolador que los partidos sean incapaces de hacer causa común. La culpa de los incendios provocados la tendrán sus autores materiales y quienes pudieran estar detrás de ellos . Otra cuestión, y no menor, es enjuiciar la capacidad institucional de respuesta ante una catástrofe. Pero hoy ya sobran llamas y faltan respuestas.