AL TRASLUD
Herminia de Lucas
HERMINIA de Lucas nos ofrece desde hoy su nueva exposición, en la galería Arte Lancia. No acostumbra a regalarnos su presencia pictórica, pues prefiere espaciarla, para que la añoremos. Sabe que un cuadro no puede cambiar el mundo, pero, al menos, si el pintor logra dar lo mejor de sí, y ella lo consigue, puede aportar consuelo a quien lo contempla. Antaño se creía que las obras de arte tenían el poder de curar, y algunos aún seguimos creyéndolo. Y sabe, también, que esa excelencia ha de ir mucho más allá de los resultados puramente formales o técnicos, para adentrarse en mares profundos, allí donde cada pincelada sea verdad. Siempre he sentido fascinación por las creaciones de madurez, frente a quienes mitifican la juventud como mérito. Pintar es esperar, caer y levantarse. Para algunos críticos hay algo de anacrónico en esta actividad artística. Es posible que tengan algo de razón, pero sólo si también consideramos anacrónica la belleza, el amor o creer que aún hay causas por las que merece la pena arriesgarse a ser herido. A Herminia te la encuentras paseando con su luminosa humildad, y siempre se alegra de verte, por lo que lamentas no topártela más veces, en este León donde sobran asperezas y faltan sonrisas. Durante años fue catedrática de Dibujo en el Instituto Juan del Enzina, donde enseñó y aprendió. De su actividad docente le ha quedado un aire a Séneca en mujer, que ella intenta disimular con su simpatía entrañable, de quien está ya de vuelta de muchos caminos, salvo del de ser buena persona, pues de ese no hay regreso posible. Y puede exclamar a quien la quiera escuchar, con el corazón en la mano: ¡Confieso que he pintado!.