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VENTURA PÉREZ MARIÑO
León

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EL HURACÁN Ségolène Royal ha venido a oxigenar y agitar la vida política francesa y porósmosis remueve y removerá la política de los países de su entorno. Sus propuestas, lejos de los ninguneos de los primeros momentos, se aceptan o no, pero en cualquier caso se deben tratar con admiración o al menos respeto. No cabe duda que ha abierto una ventana por donde se perciben olores que perturban las tediosas guerras de intereses y las acomodaciones políticas justificantes del pensamiento único y de lo políticamente correcto. De unos años acá ha sido y es de capital importancia lo que piensan los dirigentes políticos y las medidas que toman en materia de seguridad. El concepto seguridad, eje de nuestras vidas, ha dejado de ser patrimonio de las opciones ideológicas conservadoras para pasar a pertenecer a todo el espectro político y convertirse en base para la existencia de la libertad. Sin seguridad, se afirma y con razón, malamente puede haber libertad. No hay programa electoral que no lo contemple, -Giulliani, Chirac, Sarkozy...-. También Ségolène, como no podía ser de otra forma, ha entrado al trapo de la seguridad, proponiendo, entre otras medidas, que los menores infractores de edades situadas entre los 16 y 18 años, cumplan sus condenas en el extranjero, en acciones humanitarias, en las que participe el ejercito francés. La propuesta no cabe duda que es imaginativa pero no exenta de controversia. El tratamiento, el que hacer con los menores que delinquen, es objeto de permanente discusión. Nuestras Cortes han aprobado recientemente una nueva reforma de la Ley Penal del Menor -se trata de la tercera reforma en seis años- que endurece las «las condenas» por delitos graves e indica las dudas sobre el particular. Pero pongámonos en España y virtualicemos la propuesta Ségolène. Los menores infractores internados en régimen cerrado en nuestro país tienden a ser extranjeros, -en estos momentos, el 30 por ciento-, y de entre ellos predominan los de los países musulmanes. ¿Mandaríamos a menores marroquíes a Afganistán o al Líbano? ¿Mandará Ségolène Royal a argelinos o a sus hijos a misiones en Africa? Por otra parte y teniendo en cuenta el interés educativo ya que estamos hablando des menores, ¿sería realmente útil para su futuro participar en labores humanitarias, bajo el paraguas del ejército en lugar de su internamiento en centros educativos? Y por último, ¿qué pensarían las víctimas de por ejemplo un delito de agresión sexual o de homicidio, cuyos autores se van de misión humanitaria? La señora Royal representa lo novedoso, el no quedarse quieta y el deseo de buscar alternativas a asuntos que nadie se atreve a modificar y ojalá acierte en sus propuestas, aunque la de los menores delincuentes plantea demasiadas incógnitas y no parece ser la solución. En cualquier caso, de momento, habrá obligado a reflexionar sobre un tema de enorme interés, lo que no es poco.

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