TRIBUNA
La España «fuerte» de Zapatero
DIJO Zapatero: «Recibí un estado debilitado, pero dejaré una España más fuerte». Bueno, ya me conformaría yo con que dejara una España entera como la encontró, cosa que por desgracia lleva camino de no ocurrir, tal y como le advierte el profesor Francisco Sosa Wagner. ¿Pero a qué llama Zapatero una España más fuerte? Tal vez nuestro presidente se refiere a una España como la que hoy vivimos, llena de «ocupas», que invaden de forma ilegal la propiedad privada ante la pasividad, cuando no la complacencia de las ¿autoridades? ¿Es esto fortaleza? No, esto es debilidad. Quizás, nuestro presidente se refiere a la ración diaria de lucha callejera, de violencia, que dan los terroristas en el País Vasco, ración de fuego, de destrucción, de estragos, sin que ninguna ¿autoridad? sea capaz de impedirlo ¿Es esto fortaleza? Esto es debilidad. O quizás, nuestro presidente llama fortaleza, al doble escarnio a la legalidad ocurrido con la «detención» en Bilbao de los dieciocho prófugos de la justicia, miembros de la organización etarra SEGI, declarados terroristas por el Tribunal Supremo y que asistían a un acto de Batasuna, celebrado, pese a la prohibición del mismo por la Audiencia Nacional, dejando claro, que si detienen a los prófugos es porque se entregan y que Batasuna celebra actos todos los fines de semana, pasándose por el arco del triunfo las resoluciones de la Audiencia Nacional. Más de un millón de inmigrantes irregulares han entrado en España en 2006 ante la impotencia más absoluta del Gobierno para contener esta avalancha. Tal vez Zapatero llama a esto fortaleza, yo lo llamo debilidad. Se ha incrementado de modo preocupante, una delincuencia organizada, cada vez más violenta, que invade, agrede, roba y aterroriza a vecinos de centenares de urbanizaciones, que han de defenderse con sus propios medios, proliferando las patrullas urbanas, que pretenden proteger a una población cada vez más atemorizada; las bandas juveniles se apoderan de espacios públicos en las ciudades, mientras el Gobierno se limita a negar la existencia de problema alguno y todo esto al tiempo que miles de guardias civiles se manifiestan en las calles de Madrid contra el Gobierno. ¿Es esto la España fuerte de Zapatero? A mí me parece que todo esto son algunos síntomas crecientes de debilidad, que demuestran que nos dirigimos precipitadamente al desgobierno. La España más fuerte que nos anuncia Zapatero, después de que nos prometiera que el año 2007 sería mejor que el 2006 y al día siguiente ocurriera lo que ocurrió en la T-4 de Barajas, nos parece poco creíble. Pero es que, además, todo apunta a que Zapatero lo que nos va a dejar es una España, que no sólo no será más fuerte, será una España en quiebra notoria de los principios que garantizan la convivencia democrática, y por lo tanto, más débil. Así, día a día, a título de ejemplo, vemos como el principio de legalidad se rompe, por la manifiesta incapacidad del Gobierno para hacer cumplir la Ley, lo que hace, que partidos políticos ilegales como Batasuna, actúen como legales o que los ocupas que antes citábamos, invadan con toda impunidad las propiedades ajenas, o que cientos de miles de personas entren de forma ilegal en el país, cuando nuestras leyes garantizan que no se puede hacer política de partido sin condenar la violencia; cuando nuestras leyes garantizan el derecho a la propiedad privada; cuando nuestras leyes exigen un permiso a los extranjeros, para poder residir en España. Pero el Gobierno socialista de Zapatero o se ve impotente para hacer cumplir la Ley, lo que es muy malo, o lo que es peor, carece de voluntad política para hacerlo, lo que conduce a la quiebra del principio de autoridad democrática, considerando que gobernar es solamente dialogar, por considerar que el Estado no está legitimado para imponer nada, ni siquiera para cumplir la legalidad. Y por tanto, todo esto, me lleva a dos conclusiones: la conclusión de que el Gobierno socialista de Zapatero, ha hecho una renuncia expresa al uso del poder coercitivo del Estado (parece que sólo lo utilizan con el tabaco, las hamburguesas y últimamente con el vino), lo que explica que un aeropuerto internacional (El Prat), pueda ser secuestrado en el transcurso de una huelga ilegal, sin que la policía intervenga o que cancele una cumbre de Ministros de la Unión Europea, por no provocar a un grupo de alborotadores «antisistema» o que el terrorismo callejero se expanda en el País Vasco, cada vez con mayor intensidad, mientras el Gobierno mira para otro lado, no sea que naufrague su llamado proceso de paz, y a la conclusión, de que el Estado se esté vaciando de competencias, ante el permanente chantaje de los nacionalistas de toda laya y condición, véase el caso paradigmático del ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno del Reino de España, señor Moratinos, recibiendo a Carod-Rovira como «ministro de Exteriores» catalán.