León

Creado:

Actualizado:

En:

CRISTO en el madero. Cabe preguntarse por qué necesitan algunos recurrir a inventarse misterios esotéricos para engrandecer algo que ya es extraordinario en sí. Los motivos de los creadores de falsos enigmas es clara: dinero. Las cifras de ventas un libro como El Código Da Vinci dan vértigo. Ahora bien, explicar por qué hay millones de personas dispuestas no sólo a leer esa clase de libros sino a creérselos es ya cometido de psiquiatras. En la plenitud de los tiempos, Dios nos mandó a su hijo para que fuéramos redimidos a través del amor, y para ello morirá entre terribles sufrimientos. A partir de entonces nada ha sido igual, no porque el horror y el mal desapareciesen de la tierra, pues resulta evidente que no fue así, sino supimos que todo podía ser cambiado, que existía una alternativa. Personalmente, mi concepción del enigma cristiano no necesita convertir a Cristo en mago extraterrestre o inventarse indagaciones gnósticas sobre María Magdalena. Cristo en un madero, su misión aceptada y cumplida. Esa imagen ya debería ser suficiente para cualquier creyente, en cuyos posicionamientos no puede tener cabida el pesimismo sobre la condición humana, aunque tampoco una ingenuidad irresponsable sobre cómo nos las gastamos. Hay esperanza, aunque nadie dijo que fuera a ser fácil lo que viniera después. En efecto, la verdad del crucificado es el mayor de los misterios ¿para qué inventarse otros? Es innegable la existencia de lagunas en las narraciones bíblicas, tampoco puede negarse la legitimidad de la ficción como entretenimiento, pero, una vez reconocido esto, pongámonos a salvo de la estupidez y del mercantilismo más zafio. Cristo en el madero, su triunfo a través de un aparente fracaso. El misterio está ahí, no necesita distorsiones.

Cargando contenidos...