EL RINCÓN
El culpable
POR FIN me he enterado de quién es el asesino, aspiración legítima de todo lector de novelas policiales. Es el Euribor, o sea el índice al que se atienen la mayoría de las hipotecas. (Hay que tener en cuenta que la mayoría de las hipotecas españolas son todas). En el mes de mayo pasado registraron su vigésima subida mensual consecutiva, el nivel más alto desde que inauguramos el siglo, sin abandonar las costumbres del anterior. Como ambos siglos pueden seguir denominándose, cada uno por su cuenta corriente, «el siglo de las siglas» suenan las mismas sincopadas denominaciones: la AHE, o sea la Asociación Hipotecaria Española que advierte de que el crecimiento acumulado de los tipos es consecuencia de la política monetaria que lleva a cabo el BCE, o sea el Banco Central Europeo. Allá ellos. Con nuestro pan se lo coman. Pero a mí lo que me importa es la otra consecuencia: más del 78% de los hogares que tienen contratado un crédito hipotecario a tipo variable está afrontaNdo cuotas de amortización superiores a las que pactaron. Una cabronada. Expresión que nunca utilizaría San Juan de la Cruz. Quizá porque tenía su casa sosegada y no hipotecada. El Euribor tiene la culpa de que mucha gente se gaste menos que su Santidad el Papa en Viagra. Miran los escaparates con las manos apagadas y si tienen sed, ahora que empieza a arrear el calor, lo piensan dos veces para tomarse una cerveza. El honrado dinero que ganan deben destinarlo a pagar la deuda que contrajeron para guarecerse. Nadie les advirtió detalladamente que su compromiso era crecedero, ya que el Euribor nunca se está quieto. Los tipos de interés dependen de los interesados tipejos que le ponen precio al dinero. Ignoran que vale exactamente lo que le cuesta ganarlo a las personas decentes.