Publicado por
MARGARITA TORRES
León

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AYER viernes concluimos el curso de verano de la Universidad de León sobre las raíces romanas y medievales de las tierras bañezanas. Éxito de alumnos, gran calidad de los mismos, apoyo incondicional del Ayuntamiento de La Bañeza y de un alcalde devoto de la cultura en todas sus manifestaciones: José Miguel Palazuelo. Una mirada hacia el sur, de donde llegaron algunos de nuestros antepasados mozárabes a comienzos del s. X, latiendo a un tiempo el corazón del Reino leonés y el alma de una tierra singular, crisol de culturas, espacio donde nadie jamás se ha sentido extraño. En la ciudad pronto se recuperará el teatro, se inaugurará un Museo de la Indumentaria único, disfrutamos ya de un Archivo Histórico que porta el nombre del Cronista, Conrado Blanco, una de esas joyas del saber de la que todavía podemos gozar. Así es la tierra bañezana, a caballo entre León y Zamora. Cerca, en Castrocalbón, el esfuerzo de un grupo de personas ha conseguido fijar en la sede de la antigua Cohors IV Gallorum un Museo Arqueológico y Etnográfico de calidad suficiente para justificar un viaje a este lugar de nuestra provincia que, como La Bañeza, también mira hacia el sur. Un maestro nacido allí, Maximino Descosido Fuertes, dejó en herencia piezas romanas, hachas pulimentadas neolíticas, algún que otro resto de miliario y, por supuesto, la semilla de un intenso amor hacia el terruño que prendió en algunos de los que ahora han recogido su herencia y la han encerrado entre las paredes de este museo y en sus iniciativas, más que enriquecedoras. Ramona Carbajo, Francisco, Ángel, Argimiro, nombres de hijos de Castrocalbón que prefieren ceder sus esfuerzos en favor del común sin buscar otra recompensa que la satisfacción del trabajo bien hecho y algún que otro comentario amable de labios de quienes visitan su pueblo y los restos que allí se muestran. Un poco más hacia el sur, en Rosinos de Vidriales, un museo dedicado a la Legión X Gemina y al Ala II Flavia, todo un campamento a disposición de los turistas. No demasiado lejos, en las tierras hermanas del Tera, en Camarzana, acaba de aparecer confirmada la presencia de una villa romana con excelentes mosaicos. Sus autoridades arqueológicas no han dejado pasar el tiempo y caminan hacia su estudio, conservación y puesta en valor. A poca distancia, en Melgar de Tera, el alfar que surtió a nuestros antepasados romanos de hace dos mil años ha merecido la salvación del olvido de la nada y, sobre todo, un espacio museístico como el de Castrocalbón, en el que experto y aficionado disfrutan de la recreación de un elemento cultural convertido en motor de rentabilización del patrimonio. Como ven, amigos lectores, en un espacio de apenas cincuenta kilómetros, que es más o menos la distancia entre La Bañeza, y Camarzana, nos encontramos con varios museos, diversas iniciativas privadas que germinan en la conservación de nuestro pasado y su oferta como elemento turístico de referencia para los visitantes. Mientras tanto, en León muchos restos arqueológicos esperan que alguien se fije en ellos y los ponga en valor. ¿Hablamos o continuamos mirando hacia el Sur?

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