León

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NO HE CONOCIDO a Francisco Umbral, pero lo he leído mucho. Es uno de los grandes. Sin embargo, no me gustaba esa constante magnificación de su propia importancia, como parte del personaje que decidió representar. La muerte arrastra consigo los espejismos, y nos queda una obra periodística y narrativa de extraordinaria calidad. Se repetía, sí, mucho. Forges es Forges y no se nos ocurre reprocharle que todos sus personajes se parezcan. Bastante logro es ya ser distinto como para además tener que evolucionar. El escritor con voz propia no vuelve siempre sobre sus pasos, simplemente, nunca va más allá de la línea de salida de sí mismo, singular e inimitable. Mi admiración por Umbral no me impide ver sombras en su trabajo periodístico y en alguno de sus libros sobre otros autores. A veces, sacrificaba la verdad a una ocurrencia, a un hallazgo del lenguaje. Umbral, como Cela, necesitaba reconocimientos, sobre todo si iban acompañados de un premio en dinero, y estos nunca son un derecho, sino un destino. Mortal y rosa , sobre la muerte de su hijo, está considerada por muchos críticos y lectores su mejor libro; es en sus páginas donde el lenguaje sangra más allá del ritmo y las metáforas. Tiene muchos títulos excelentes. El tiempo hará la criba, y de ella saldrán algunos de los grandes tesoros de la prosa. Se construyó una coraza de autobombo, pese a que su obra no lo necesitaba, ni él mismo; creo que esta actitud le perjudicó. Pero no le reduzcamos al señor cabreado que exigía que se hablara de su libro: es un maestro del estilo, un gran retratista de nuestro tiempo. Quizá, en su interior, fuera uno de esos niños solos de Dickens, que se abren camino en la ciudad inhóspita, mientras van dejando atrás la inocencia, festín de lobos. 1397124194

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