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FERNANDO ONEGA
León

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PASEN, SEÑORES, pasen y contemplen el espectáculo. Es un rincón del cuadrilátero, se coloca los guantes un boxeador llamado José Luis. Se dirige a su afición y le dice que quiere su voto para completar la modernización de España. Y no hay timideces, ni pagos aplazados: la suya será la «modernización definitiva», lo nunca visto, el no va más de la modernidad y de la justicia social, la envidia del mundo. Y el autor, él: José Luis Rodríguez Zapatero, que no conoce ni pone límites al cielo. A convencernos de esa maravilla a nuestro alcance dedicará, probablemente, los próximos seis meses. Cree en sí mismo como el único dios verdadero. Al otro lado, un contendiente algo mayor, de nombre Mariano. Tiene el objetivo muy claro. Va a trabajar a dedicación plena en esto: «De lo único que me voy a ocupar es de ganar las próximas elecciones». No me extraña. Es lo más importante que tiene que hacer en su vida. Y es la forma de evitar una muerte política anticipada, cuando su propio partido cae en el error letal de entrar al trapo del sucesor, como si la biografía del señor Rajoy fuese una biografía agotada. Leído con detalle su mensaje, tiene algo de salvador de los hipotéticos desastres causados por su adversario electoral. Él mismo lo confesó este verano: la gente le reclama «dales caña, Mariano». Ambos púgiles se estudian. Preparan un combate a vida o muerte. Saben que uno de los dos tendrá que caer para siempre, lo cual es un mal anuncio para ellos, pero un magnífico diagnóstico para el país: si ambos siguieran en la próxima legislatura, no habría entendimiento, ni calma, ni mínima cooperación. Y, si tampoco hubiera cambio en la orientación del voto, su continuidad nos condenaría a las mismas tensiones, los mismos encontronazos, idénticos menosprecios y similares rencores. Es duro decirlo, pero uno tiene que morir en la contienda. Nunca como ahora fue tan drástico el dictamen: ganar es seguir viviendo. Así encontramos el patio al regreso de las seducciones de agosto. Así comienza lo que antes llamábamos curso político y ahora es, sencillamente, una larga, larguísima, campaña electoral. No busquéis ya objetividad en las palabras de la clase política. Perded toda esperanza en propuestas desinteresadas, o únicamente pensadas para el bien del país. Ya nadie dirá una palabra que espante a un votante. Nadie hará un gesto público del que no espere rentabilidad. No habrá acción de gobierno que no sea calificada de electoralista, ni iniciativa de la oposición no destinada a subir a Rajoy a la peana. Nos lo han avisado: Zapatero busca mayoría suficiente, Rajoy sólo se dedicará a ganar. Los espectadores, modestamente, preguntamos qué hay de lo nuestro. Y nos toca esperar. 1397124194

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