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FEDERICO ABASCAL
León

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AYER SE DIO el pistoletazo de salida a la carrera de Mariano Rajoy y ZP hacia la meta de La Moncloa. Arranca el candidato socialista con cierta ventaja en los sondeos, pero sin despegarse en las apuestas. Parece existir una amplia mayoría de ciudadanos que dan a Zapatero una posibilidad mayor de vencer en las urnas, aunque la diferencia de sólo un punto y medio en el voto decidido, a favor del PSOE, debiera inyectar en el candidato popula> ánimos suplementarios, porque esa distancia entre los dos grandes partidos indica que sólo en el sprint final podría dirimirse la batalla. Todo indica que van a ser unas elecciones abiertas y reñidas, ante las que los dos contendientes parecen inclinados a cometer errores, por exageración o reincidencia. Zapatero quiere recuperar el tiempo perdido o tonificar su credibilidad debilitada y, para ello, se está lanzando a una estrategia de promesas que a algunos, bastantes o muchos electores les parecen más bien demagógicas. Como los 2.500 euros por recién nacido cayeron bien a mucha gente, ahora ofrece un permiso de paternidad de un mes, superior en un 100% al actual de quince días, y una subida de las pensiones más pequeñas en el doble del aumento que se fije para todo el sistema. Y, por medio de la vicepresidente María Teresa de La Vega, ayer anunció para dentro de unos días, sorpresa, sorpresa, alguna iniciativa espectacular sobre el problema de la vivienda. Pero ni Rodríguez Zapatero conseguiría galvanizar a su electorado más tibio sacando decisiones mágicas de la chistera, ni a Rajoy le iría mejor manteniéndose, como parece, apegado a estrategias que no encajan bien en una actualidad que, sobre antiterrorismo, en nada se parece a la de hace sólo cuatro meses. Y ayer, tras la reunión de la cúpula popular en Génova 13, Marinao Rajoy habló a la prensa de cómo va a abordar el partido estos meses de enardecida precampaña. El presidente del Partido Popular va a moverse por todo el país, celebrando al menos un acto al día, mientras la elaboración del programa electoral atenderá todos y cada uno de los problemas ciudadanos. Pero hay algo que Rajoy no delega en los dos edecanes que le flanquean, Acebes y Zaplana, sino que lo sigue abordando él mismo, y es la crítica a la política antiterrorista del Gobierno, donde seguiría pensando el PP que a ZP le puede hacer más daño. No se percibió ayer en Rajoy un tono de absoluta seguridad, tal vez por lo mucho que se habla de su sucesión, por malicia o como hipótesis, y cuando surgió el tema de ETA, al que los populares se agarran venga o no a cuento, el candidato popular difuminó en parte lo que de novedad podría ofrecer su partido al reincidir en la estrategia popular de siempre. Esta vez pretende Rajoy que Zapatero se comprometa, «afirmándolo categóricamente», que «no se va a producir ningún proceso de negociación con ETA, cosa que hasta el momento no hemos oído decir al presidente del Gobierno». Cuando ETA se siente más acosada y herida, por emplear adjetivos del Secretario de Estado para la Seguridad, seguir utilizando a la banda en el terreno político sería algo así como un traspiés en el sprint final de la carrera hacia las urnas. 1397124194

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