TRIBUNA
Haciendo Deportiva
¡ADELANTE Y ARRIBA! Así reza una de las frases del himno de la Sociedad Deportiva Ponferradina que Brindis Morán un día compuso y que, poco a poco, va calando entre la afición y que ahora, quizá más que nunca, esta frase es de rabiosa actualidad. Para así poderme expresar quiza deba antes presentarme con mi más importante credencial, que es la de contar con algo más de ocho décadas de vida, lo que ha supuesto que, al ser un buen aficionado al fútbol, mi carné de la Sociedad Deportiva Ponferradina tenga el número uno. Debo advertir a mis lectores, antes de pasar adelante, que estas líneas son solamente para aquellos que saben de nuestro primer club que actualmente vive triunfales momentos, y también pienso que, tal vez, alguien juzgue de pueril, que yo, a mi edad, me atreva a escribir lo que a continuación sigue y que, a pesar de todo les invito a leer. Aquí voy a detenerme para aclarar -pues alguien me lo podría preguntar- que no sé desde cuándo soy socio. Lo que sí recuerdo, es que yo vi jugar, siendo un niño y luego ya algo mayor, a aquellos que ya son historia y que correteaban detrás del balón redondo por el desaparecido Santa Marta. Me refiero a los Gordillo, Meana, Barandallas, Bienvenido, Fernando Miranda, Ángel Escobar, Adolfo el Americano , Emiliano, Flisco y tantos otros más, entre los que también estaba aquel Pepín Gallego, de quien recientemente se ha hablado, por ser una de las víctimas de aquellos años de locura, que más valía olvidar, y que ahora ha dado en llamarse hechos de la memoria histórica. Recuerdo aquellos días de fútbol en que por delante de la casa de mis padres en el Campo de la Cruz, pasaban camino del estadio , vestidos con su atuendo de futbolistas, debajo del abrigo o de la gabardina, aquellos Bienvenido y Miranda. Que vivían cerca, y allá nos íbamos detrás toda la chavalería para presenciar el partido de turno que, si correspondía frente a la Cultural de los Tavilo, Severino, Calo, Isaac el Gitano , etcétera, los nuestros eran más héroes aún. Era aquella época en que Santa Ma rta tenía la valla de cierre con tablas de madera y confieso que, como alguna de aquellas tablas estaba desclavada, ya conocíamos el sitio, y más de una vez por allí nos colábamos siendo niños, cuando no había espacio libre en aquel tejado de pajar de Peré, que estaba pegado a la valla o en aquellos negrillos próximos al campo. Era tanta mi afición que mi padre por entonces ya me sacó mi primer carné de socio y como anécdota, no se me pueden olvidar mis primeras botas de fútbol, que un año me trajeron los Reyes Magos y que sólo utilicé como aficionado, de donde no pasé, pues mi hacer y facultades no permitieron que llega a ir un poco más arriba. Sea lo que antecede a modo de prólogo, aunque no quiero extenderme mucho, pues mi propósito, más que nada, es aludir a esa situación de privilegio en la que nuestra Deportiva actualmente se encuentra y de la que disfrutamos. Ahí están esos resultados en la Liga y en la Copa del Rey, que nos sitúan como los mejores de los cuatro grupos de la Segunda División B, aunque aún tengamos, no muy lejano, el desencanto que nos ocasionó el desdichado descenso de la pasada temporada, lo que a más de uno de los que vivimos el fútbol de siempre, nos hizo pensar en que volveríamos a estar en las gradas, solamente el reducido número de aficionados de años atrás. Pero afortunadamente no ha sido así ,y es que José Fernández Nieto y compañía, fieles a los ruegos de la afición para que continuaran, nos han vuelto a demostrar que saben lo que hacen y con acierto han logrado reunir, y ahí está ese grupo de futbolistas y técnicos que en los días de partido saben atraer a esa numerosa hinchada que, tiñendo de blanco y azul las gradas de El Toralín, enronquecen animando sin descanso a esos muchachos que, de continuar así, nuevamente volverán, digo mejor, volveremos a estar en el lugar que perdimos y que nos corresponde ocupar, porque por nuestro buen hacer nos merecemos. Así pues, ¡adelante y arriba! Que no decaiga esta extraordinaria afición que está siendo la envidia de otros lares. No nos cansaremos de repetir a los que no acuden a El Toralín que se pierden algo que nunca soñamos en Ponferrada. Ahí están esos récords de asistencia a los estadios de fútbol, que estamos batiendo y que aún esperamos se incrementen. Y aquí, con el orgullo de ser el socio número uno y uniéndome a ese empeño de todos de conseguir un número de socios aún mayor del que ya hay, voy a referir a mis pacientes lectores un sucedido que me llenó de alegría porque fue en mi familia, si bien me consta que, casos como éste, ya se han repetido con anterioridad. Hace no muchos días nació un hijo de un sobrino mío y su abuelo, mi cuñado Lolo Astorgano (digo su nombre porque es una persona muy ligada al fútbol y muy conocido también entre la afición -perdona Lolo-), me comentaba, visitando al niño: «Ya es socio de la Deportiva, así podrá decir, soy socio de la Ponferradina desde que nací». Y al lado de su cunita, colocados con mimo, había una camiseta blanquiazul, un balón firmado por los jugadores del ascenso, y su carnet de socio y... en los ojos de mi cuñado y también en los míos se adivinaba una incontenible emoción. ¡Que cunda el ejemplo! Así, entre todos, haremos a la Sociedad Deportiva Ponferradina aún más g rande de lo que ya es.