EL REINO DE LA LLUVIA
Todo muy normal
LA VISITA de los monarcas españoles a Ceuta y Melilla ha sido lamentable y una afrenta a los sentimientos patrióticos del pueblo marroquí. Lo ha dicho Mohamed VI que es quien reina en Marruecos de forma muy democrática, muy dialogante y muy moderna. Y como lo ha dicho Mohamed el demócrata, pues nos hemos preocupado un montón por si las cosas no nos van nada bien como nos fueron hasta hoy. Pero, sinceramente, ¿qué queríamos? ¿Pretendíamos que Mohamed aplaudiera la visita? ¿Qué nos felicitara? Mohamed, que es un demócrata, ha hecho lo que tenía que hacer, que es poner el grito en el cielo porque los reyes españoles se han paseado por dos territorios que él considera que deben de pasar a su soberanía. De la misma forma que nosotros pusimos el grito en el cielo cuando el heredero británico se vino a tomar unas copas a Gibraltar, recién matrimoniado con Lady Dy. Así que todo lo que ha ocurrido es de lo más natural. Los reyes españoles visitan lo que tienen que visitar y el demócrata rey marroquí protesta lo que quiere y cuanto quiere. Y hasta ahí debe de llegar este episodio. Porque el problema puede empezar en realidad si lo sacamos de quicio. España y Marruecos se necesitan mutuamente por la situación geoestratégica que ocupan entre Europa y África. Y los españoles y los marroquíes vamos a seguir luchando contra el terrorismo y contra la inmigración ilegal porque a los dos países nos conviene hacerlo. Así que dejemos las cosas como están. Que Mohamed VI se ponga hecho un basilisco y nos hable de la visita de los reyes de España como de «un acto nostálgico de una era sombría», forma parte de la normalidad. Como normal y natural es que el intelectual José María Aznar vuelva a darnos la murga con que los que idearon el 11-M no están en desiertos remotos. Tan normal y natural como que los lobos aúllen.