Publicado por
XOSÉ CARLOS CANEIRO
León

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LO HE DICHO muchas veces: España es una salsa rosa que nos consume. En la salsa rosa habitan la Obregón, la Patiño, Marc Ostarcevic (¿se escribe así?), el conde Lecquio y Belén Esteban. Con sus jerarquías y sus distinciones: quiero decir y digo que no son iguales entre ellos. Pero no está la Corona. La Corona viaja ultimamente en boca de todos, cuando antes viajaba sólo en el tren del Hola y la jet . Unas veces se habla de la Corona por Chávez, otras por las fotos quemadas, y otras por Esperanza Aguirre o algún locutor que pide abdicaciones (qué cosas). El Rey ha perdido la mesura, me dicen, y no me extraña. El problema son los duques. Separados. O, dicho con eufemismo de Casa Real, interrumpen momentáneamente la relación conyugal. Es un notición. En rosa, evidentemente. Yo debo ser la excepción pero el incidente de Chávez lo he visto también desde esa óptica. No hay diferencia entre un altercado de la Obregón con los fotógrafos y el «por qué no te callas» de Su Majestad al bravucón presidente venezolano. A los tipos como Chávez hay que hacerles vacío: ellos están en su papel y el Rey no estuvo en el suyo. Pero lo entiendo. Las cosas no andan bien en Palacio. La idea platónica que teníamos de la Monarquía se nos está viniendo abajo. Uno está afligido. Fue en martes y trece cuando la Corona anunció que se separaban los duques de Lugo. Y no fue casual: el mismo día se falló en contra de los humoristas del Jueves y su caricatura. ¿Puro azar? Y ya me ven a mí, como Belén Esteban y el conde Lecquio, opinando sobre estas cosas que ni me van ni me vienen. Pero he aquí, me dicen mis amigos periodistas, la noticia de la semana. España es, dije, una salsa rosa que nos consume. Es nuestro martes y trece. Esta semana que pasó. El pasado, o sea.

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