PAREJA CRÓNICA SEMANAL EN POCAS PALABRAS
Secretos del debate Zapatero-Rajoy Marginación
EN PLENA tensión electoral, con insultos incluso, resulta esperanzador encerrarse con un dirigente popular y otro socialista de la altura personal, profesional y política de Pío Garcia Escudero y José Blanco, jefes de las campañas de Mariano Rajoy y Rodríguez Zapatero. Espíritu de construcción, humor, confidencia, sentido común y noticia implícita de que este país, pase lo que pase el día 9 de marzo, va a seguir funcionando con normalidad. Fernando Navarrete, uno de los dos co-negociadores del debate por la Academia de Televisión, comentó lo siguiente: «Hemos trabajado gratis para producir la señal televisiva del debate pero yo estoy dispuesto a seguir haciéndolo sólo por asistir a encuentros como éste, que me llenan de paz». El debate de mañana se celebrará en el Palacio Juan Carlos I. «Me trae muy buenos recuerdos porque allí le gané el congreso a Bono», dice Blanco. «A mí también porque allí me eligieron presidente del PP de Madrid», compensa Pío. Más empates. Allí se habló del ojo de Pedro Solbes -cualquier otro no acepta ir a televisión con esa lesión- y del secreto de su victoria -aceptada por casi todos- sobre Pizarro. «Había gente en mi partido en contra pero yo lo defendí por una razón clara -sostiene Blanco- porque, cuando se lo propuse, fue rotundo en su respuesta. Quería hacerlo y ví que le tenía ganas «. Esa es la primera condición imprescindible para ir a un encuentro de este tipo. El que va a rastras o con miedo seguro que no ganará. Olga Viza, la quinta comensal, deslizó una pregunta clave. «¿Cuánto de improvisación hubo en el primer debate?». Se coincidió por ambas partes que por encima de un treinta por ciento seguro, con lo que cayó la teoría de algunos sobre dos monólogos superpuestos. El formato, además, resultó más rentable de lo que se pensaba. La condición de «dígalo en dos minutos o espere al siguiente turno» garantizó un ritmo trepidante gracias, desde luego, a que ambos, como Solbes, querían el debate y fueron a ganarlo, aunque el resultado fuera muy cercano al empate. Dentro del plató, esas ganas se notaban aún más. A los espectadores su voz les llegara modulada por la mesa de sonido de la unidad móvil. Pero allí, a dos metros, se les oía directamente, con potencia, sin tecnología de por medio. Había por tanto intensidad de contenidos, ritmo y fuerza expositiva incluso en el tono y el volumen. ¡Menudo debate!. Esas reflexiones se consideraron en una conversación en la que no faltó ni la niña de Rajoy, con intercambio de mensajes de móviles a cual más ocurrente, ni el negro de el Follonero, que sigue a los candidatos por toda España para el programa de Buenafuente. Ingeniosa la frase que recordó Pío, pronunciada por Esteban González Pons, candidato popular por Valencia, en el debate a siete de TVE: «Tengo una tía abuela que utiliza cedés como espantapájaros. ¿Por qué tiene que pagar el canon digital?». Sobre la tensión entre Zapatero y Rajoy a la salida del debate se han escuchado teorías indocumentadas varias, como si no se hubieran despedido. «Zapatero al salir me saludó -dice García Escudero- y le presenté a Pedro Arriola y dijo «!Hombre!, así que tú eres el famoso Arriola»! Llegaron sonrientes, aunque la procesión les iría por dentro y salieron con la educación y cortesía debida. Nada que ver con la distancia entre Felipe González y Aznar en el 93. Zapatero y Rajoy se la juegan en ese momento culminante de la campaña. En el primer encuentro nadie arrolló, hasta el punto de que alguno de los presentes quizás hubiera soñado -pero es imposible- que se suspendiera el segundo. Los candidatos se la juegan y el moderador también. Pero los jefes de campaña que han hecho posible estos debates -y a los que deben gratitud la Academia, los periodistas y los ciudadanos- ponen su cuello bajo la guillotina. Si sale bien, salvan la cabeza, sino la culpa será suya. Todo es así de ingrato. Como injusto es que Pepe Blanco tenga mala imagen sólo por el hecho de ser el número dos del PSOE y por hacer de «malo» con un gobierno de almas benditas. «Le pasó a Javier Arenas -coincidió Pío-, que tenía una imagen excelente como ministro de Trabajo y a los dos meses de ser secretario general había caído más de veinte puntos y no salía de su asombro». La política es así de dura. EL PAPEL de los periodistas en esta campaña electoral está bajo mínimos. Y ello comienza a irritar a la profesión. Un informe publicado ayer revela que PP y PSOE impiden a los periodistas grabar a los líderes en las caravanas electorales, y ni siquiera tienen fácil acceso a ellos. Las señales de televisión de los mítines son asimismo proporcionadas por los partidos, que se aseguran así de que no se cuele cualquier error. Los mítines son márketing y los periodistas, correas de transmisión. Abundan además las ruedas de prensa sin preguntas, como si se quisiera eliminar incómodos testigos de vista o eludir asuntos embarazosos... La democracia peligra si se establecen estas barreras en- tre la política y la opinión pública.