NUBES Y CLAROS
El agujero del donuts
GENTES RICAS, o pobres gentes con mucho dinero. Constructores cuyos motores tiran de la economía o país que se apresura a atornillar las tuercas desajustadas de los motores recalentados del sector inmobiliario Inmensas fortunas, sólo superadas por las deudas que han pergeñado sus poseedores. Patrimonios que son el doble o la mitad en sólo una semana. Y talante dispar para afrontarlos: si es natural (cosas del mercado) que sean de repente el doble, habrá que asumir con serenidad que se desplomen al momento. El caso es que, empezando por el sector inmobiliario y siguiendo por todos los demás, parece que pasamos de la ralentización de la actividad a la tragedia económica, saltándonos otras fases de la crisis. Del «este bache financiero no va con nosotros» al «en este donuts sólo hay agujero». Hay quien ni siquiera se atreve a entonar el sálvese quien pueda. Y el Gobierno ha recogido el guante. En lugar de aplicar la doctrina Sinatra (que cada cual lo resuelva a su manera), se habla incluso de comprar suelo para construir viviendas de protección oficial. Con matices: la compra de suelo quitaría no pocos quebraderos financieros a inmobiliarias en crisis, y la construcción de pisos protegidos serviría de colchón al paro; claro que poner más pisos y más baratos en el mercado se las pondría aún peor al parque actual de viviendas que no encuentran quien las compre. Que vienen mal dadas parece ya indiscutible. Se avecinan balances semestrales de entidades financieras que empezarán a poner los puntos sobre las íes en lo que a economía real se refiere. Habrá sopa, espesa, de liquideces, deudas, financiaciones y apalancamientos. Aterrizaje forzoso (pero no por sorpresa, por más que hayamos querido mirar para otro lado) de la década prodigiosa en la que todo era posible y el fin no acababa de llegar. Sólo queda aplicar mesura y temple. Y confiar en que el desplome o trastazo no se nos suba a la cabeza.