Publicado por
Rafael García Natal (Astorga)
León

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Tiene narices que por fin los fabricantes se hayan dado cuenta de que no es posible mantener lo que hasta ahora se ha venido haciendo. Tiene narices que no les haya quedado más opción que comprender lo que muchos hemos mantenido y enarbolado durante tanto tiempo. ¿Acaso nunca habíamos caído en el hecho de que era de todo punto insostenible envolver las cosas una y otra vez primero con plástico, después con cartón y por fuera un acetato de colorines para hacer más atractivo su producto a los consumidores obnubilados por la fantasía de resplandores a la que nos han tenido acostumbrados? Ahora no, qué pena, se nos acabó el chollo, ahora todo será más simple, más normalucho, más feo. Es que la tela no da para más, es que el despilfarro ya no es una opción ganadora, (si es que lo fue algún día). Ahora los productos volverán a ser como antaño, cosa que hacían falta, sin más sacrificios: El papel del Elefante llevaba otro por fuera sólo para que no se desenrollase, sólo por eso y las lentejas venían en papel de estraza, lo mismo que el azúcar, o la sal, (señora, que me la está poniendo gorda... no, se la estoy poniendo menuda... sí, menuda me la está poniendo)... Por fin, si la crisis tiene alguna cosa buena es eso, que las marcas están reduciendo el número de envoltorios nada más que a uno, o al mínimo posible, cosa que el Planeta ha de agradecer. Pues eso, que no hacen falta lucecitas de colores para vender lo bueno, eso se vende solo, con cuatro pieles o con una, sólo quiero calidad, así que, parafraseando a Pedro Muñoz Seca, «cuando la crisis azota tienen que rendirse a ella lo mismo el Rey, que la Sota»... Bendita crisis.

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