CRÉMER CONTRA CRÉMER | VICTORIANO CRÉMER

Isabel y Francisco (I)

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VICTORIANO CRÉMER
León

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ME HAN conmovido. De verdad. Estaba acostumbrado, al cabo de los muchos años de seguir sus huellas y de comprobar sus historias con las sombras y las biografías de personajes de mi legítimo interés de leonés del año. Estaba más o menos acostumbrado, digo, a que el presidente de la Diputación que por algo se le añade al nombre el tratamiento de Excelentísima, doña Isabel, se dedicara a lo suyo, que es lo de la provincia, sin mayores ni menores ingerencias y al no menos excelentísimo o ilustrísimo, según con quien se trate, don Francisco, medio-rey y señor de las Municipalerías, a que atendiera a los vecinos sin permitir intromisiones, que cuando se me ha informado por parte del corresponsal de turno de que ambos a dos Isabel y Francisco se habían entrevistado democrácticamente para ajustar sus opiniones, salvando las naturales diferencias, me sentí emocionado, más aún, conmovido y exultante como si me hubieran concedido el diploma del perfecto ciudadano.

Porque, dígase lo que se quiera el suceso de un Alcalde y una Presidenta no es corriente, y si no veáse lo que viene sucediendo entre Gallardón y doña Aguirre, que no se acaban de entender, aunque en sociedad digan que se quiere.

Y es que el uno y el otro, Gallardón y la señora de la Comunidad madrileña; y don Paco y doña Isabel además de no llevarse, se miraban con recelo y se vigilaban, temían o siempre que un viento cambiado les arrebatara la visionalización triunfal de que disfrutan.

Es como cuando lo de Isabel y Fernando, los reyes católicos, que se querían mucho y lo mismo daba la mona que el otro, pero la vaca por lo que valía... De tal modo, creo yo, que ha conmovido a la sociedad leonesa la reunión de los regidores del Concejo y de la Diputación, que no consiguen entender qué es lo que cada uno de ambos buscan con este pacto o lo que fuere celebrado al margen de los principios y de los intereses de los dos regidores oficiales.

Aseguran en unas declaraciones que nunca acaban de ser lo suficientemente claras para los ciudadanos, que se trata con este matrimonio, no sé todavía cómo llamarle, si morganático o democrático, que en verdad de la buena esta vez no se trata de otro pacto como el establecido con los leonesistas sino de un común intento de establecer las líneas programáticas de un impulso para conseguir al fin un plan frente a la crisis y para superar si este milagro va dentro de la órbita del encuentro del tremendo fantasma del paro, que amenaza con devorar a León, con toda la melena.

Los señores de esta iniciativa están dispuestos de verdad a trabajar por el desarrollo de León y se apoyan fundamentalmente en operar turísticamente hasta convertir a la Capital del Viejo Reino en referencia para alemanes, ingleses y franceses, en lugar de tanzanios, senegaleses y rumanos...

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Les deseamos a Don Paco y a Doña Isabel, todo género de venturas y que sean felices y puedan comer perdices en paz y en gloria, amén.