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León

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Crónicas bercianas manuel félix

Está muy bajo el caché político y sindical en e l Bierzo. Hay mucho profesional de esa política, que vive de ella, pero poco profesional de los que todos ustedes me entienden. De esos que de verdad le resuelven las cosas a la gente, no se la complican y tratan de hacerle la vida más llevadera. ¡Vamos!, que abunda el analfabeto en todas sus acepciones, el mediocre y el zampabollos sin ideas y conformista. Está ahí, como podía estar apretando un botón en una central nuclear.

El Bierzo siempre ha sido reivindicativo, trabajador, culo inquieto. En todos los sectores, incluso en el político. Pero, de un tiempo a esta parte, tengo la impresión de que el acomodamiento parece ser marca y norma de la casa. Está entrando en escena una nueva generación de empresarios, muy formado, pero también en cierto modo asentado en la confianza del que se lo han dado casi todo hecho.

Existe también una nueva generación de sindicalistas que en nada se le parecen a los de raza de toda la vida. Están anestesiados, amodorrados, aletargados. Es verdad que los tiempos han cambiado y que los descamisados han evolucionado. Pero la política del rollito de primavera, del blandengue meaguabendita, que mide tu sensibilidad social si dices o no en masculino y en femenino algunas memeces del Ministerio de la Igualdad, no deja de ser más que otro cuento para bobos (y bobas).

Si echo la vista atrás, sólo recuerdo en el Bierzo presión social cuando le tocaban la cartera a los mineros e incluso, forzando, a los agricultores. No más. Creo que las movilizaciones sirven para bien poco, no crean riqueza. Pero, como la diplomacia fina, sí despiertan conciencias aletargadas. Y aquí, en este Bierzo complaciente -”por no decir esta España-” estamos acostumbrándonos a que la solución caiga del cielo. Que sean otros los que la aporten, los que se muevan. Por eso reivindico la movilización de las ideas. No hablo de zarandajas de pancarta.

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Esta semana, el premio al cuento político se lo lleva el Consejo Comarcal del Bierzo, que desde que lo parió Aznar no ha sido otra cosa que eso, un cuento. Algunos analfabetos de la política e intelectuales de la prosa del papagayo están emocionados con la Ley de la Comarca y se hacen fotos con un consejero en Valladolid. Enternecía verlos, así, tan estirados, al más alto nivel. ¿Soluciones?, Ninguna. Sí, más cuento. Sobran políticos sin sentido común; sobran administraciones que sólo sirven para incrementar el gasto público. Y puede que hasta sobre yo, por reclamar un mayor nivel en los que toman decisiones y menos cuento.