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Tribuna | Pablo Fuertes

Asociación de Amigos de Portugal en España

Cuando los medios de comunicación reflejan las ocurrentes frases de nuestros políticos al hablar de las relaciones entre España y el país vecino, tales como «visita importante», «desembarco estratégico de empresarios en Portugal», «Castilla y León busca nuevos mercados en Portugal», etcétera, a los que somos medianamente conocedores de Portugal, de sus gentes, de su idiosincrasia, de su historia y de la realidad sociológica de nuestros vecinos con relación a España, nos asaltan sentimientos encontrados entre sí.

«Si yo fuera portugués y viese venir al consejero Tomás Villanueva seguido de doscientos empresarios, me tiro al mar y no paro hasta las Azores», comentaba ayer un miembro de la Asociación de Amigos de Portugal en España durante una reunión donde se habló y debatió sobre los avatares de las relaciones de Castilla y León con Portugal. Su gracieta provocó entre los reunidos, sonrisas y preocupación al mismo tiempo.

Podemos valorar positivamente el esfuerzo diplomático realizado por el presidente Juan Vicente Herrera al tratar de poner en escena diversas políticas de acercamiento, incluido la empresarial y comercial, pero es tan grande el déficit de relaciones de otro tipo, es tal la distancia que aún nos separa que todos esos esfuerzos, costosos para el erario, no son lo efectivos que debieran.

Faltan tantas políticas de carácter humano, afectivo, de conocimiento real, que no es posible borrarlas de un plumazo, por muy bien que se diseñe un viaje desde el departamento correspondiente, ni siquiera disponiendo de un apoyo mediático potente y calculado.

Puede quedar muy bien aquí, ¿quién va a criticar que se abran mercados, que se posibiliten intercambios empresariales? Nadie. Nosotros decimos que está bien, pero a la vez nos preguntamos: ¿hay algo más? Y no vemos respuesta.

Está bien hablar de proyectos comunes, de bilateralidad, de sinergias a ambos lados de la raya, pero, sinceramente, ¿alguien ha preguntado a los portugueses, no al colega político de turno, si quieren esa bilateralidad?

¿Alguien ha tenido en cuenta la percepción que un país de once millones, lleno aún de recelos hacia España y los españoles (muchos de ellos creados artificialmente, reconocemos) cuando ve llegar a un ejército de empresarios con el símbolo del euro en la frente?

No todo en las relaciones bilaterales entre dos países, «por muy hermanos de oídas» que dicen que somos, se pueden concitar exclusivamente en el ámbito de la empresa y de los negocios.

Falta mucho por hacer y habría que hacerlo antes, con calma, con estrategia sí, pero teniendo en cuenta que, al que tenemos enfrente, está esperando que se le trate de «igual a igual», no como al hermano menor e indefenso al que si nosotros consideramos que es bueno para él, nos creamos que él lo va a entender así.

Faltan políticas sociales, falta conocimiento de esa realidad sociológica de la que nadie en España se ha preocupado, se desconoce profundamente su lengua, sus costumbres su cultura. «Son como nosotros», dice algún político atrevido. Y nada más lejos de la realidad: se parecen bastante poco a nosotros, yo diría que por suerte para ellos, pero eso es otra historia.

Con estas reflexiones lo que queremos trasladar a los políticos y a los empresarios que nada de «invadir» ni alimentar el viejo fantasma del complejo de superioridad de los españoles.

Normal que se alcen voces en Portugal advirtiendo y recordando que «Portugal no es una provincia española». Nosotros, los Amigos de Portugal, que llevamos muchos años creando puentes entre personas, fomentando la amistad, derribando recelos, manteniendo intercambios entre personas, no solo entre instituciones, conociendo la cultura portuguesa y trasladando la nuestra, creando un clima que posibilite lo que precipitadamente quieren otros «hacer en cuestión de minutos», nosotros, aunque nadie nos lo pregunte, también creemos que Portugal no es una provincia española, aunque creamos en el iberismo del que nadie habla.

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El cambio que debe producirse en las relaciones de España, en este caso de Castilla y León, con Portugal o las regiones que nos son más próximas, no se resuelve porque El Corte Inglés de Vilanova de Gaia o de Lisboa venda productos de una «Tierra de Sabor» o se proyecte un faraónico «Douro-Duero». «No es eso, no es eso», parafraseando al sabio Ortega o por lo menos «no es sólo eso», decimos nosotros.