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León

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El aullido | luis artigue

Charles Chaplin, pionero de la comedia y la grandeza, hizo lo mismo en su película ya clásica El gran dictador en la q ue, aprovechando el parecido del bigote de Charlot con el de Hitler, bordó una interpretación que aún nos invita casi a reírnos del nazismo -”así nos demostró ese genio que lo trágico es lo cómico grotesco-”. ¡En efecto fue un modo liberador de dejar que los espectadores pudieran reírse de una realidad opresiva! Y el mundo no ha dejado de darle las gracias a quien propició el que tanta gente desatascara la rabia mediante la risa-¦ José Luis López Vázquez consiguió idéntico logro.

Sí, un cómico bajito, calvo y con bigote, uno de humor naturalista y belleza distraída, fue durante años la forma posible que tuvo este país de reírse de un dictador, el nuestro, de igual porte pero muy distinta alma-¦ ¡Por eso existe una lectura en clave casi psicoanalítica de aquellas películas de José Luis López Vázquez en los tiempos del Nodo, pues suponían una forma indirecta y compensatoria de reírse de la normalidad impuesta!

A la luz de dicha lectura, en mi opinión aumenta aún más su talla creadora, pues se trata de un intérprete genial que avizoró la sociedad en la que vivía para construir un personaje patético, tragicómico y tiernamente gris a la medida del hombre de su tiempo, aunque universalizando su tiempo. Películas como Plácido o Atraco a las tres , y no digamos ya la sobrecogedora La cabina , son hoy difícilmente concebibles sin la clave de que existen en una dictadura-¦ Hay guerras perdidas que las gana la risa. Pero a la vez otra parte de su cine, el de las comedias de guión fácil en las que aparecía, en versión satírica, la parte pícara, sencilla, corriente, esperpéntica, sobreviviente y desesperanzada pero improvisadora de este país, supusieron una forma necesaria de que la gente pudiera verse retratada en el bis cómico de este actor cargado, como los mitos, de poder de identificación. Fue un cine previsible y denostado ahora, pero sin duda muy loable porque era lo que el público necesitaba, porque divirtió e hizo feliz a mucha gente, y eso tiene un valor que no se paga con nada. Ese cine, aunque bufo, dio entonces cuenta de lo imprescindible que es la ficción en todo lugar y en todo tiempo, e hizo de José Luis López Vázquez un clásico. ¡Cómo agradecer todo lo que los cómicos han hecho por nosotros! ¡Qué poco soportable sería con frecuencia el mundo sin la risa! Sin embargo José Luis López Vázquez no era un actor de comedia sino un actor, esto es, un humanista. Y por eso supo ir evolucionando para ser, como los grandes, siempre un espejo de su época. ¡Y es que en el escenario este intérprete virtuoso no envejecía sino que evolucionaba! Así, con los años su deje cómico fue dejando paso a una ternura que emocionaba y hasta conmocionaba. Por ejemplo su interpretación, en la enorme película Luna de Avellaneda, de un emigrante gallego socio fundador de un club social -”el cual trata de mantener en pie a pesar de la falta de liquidez por la que pasa el club y toda Argentina-” es para enmarcar. Al contrario que en el engañoso cine americano José Luis López Vázquez muestra a su personaje con todos los defectos, lo presenta cercano, y nos habla así mediante su interpretación magistral de lo que de verdad es la vida-¦ Admirado maestro: que la tierra te sea ligera.

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