El cubo, el fuego y-¦ San Miguel de Escalada
Tribuna
Artemio M. Martínez Tejera
Historiador del Arte Universidad Autónoma de Madrid
Por fin. Hoy he visto publicada en la prensa una noticia que me dejaba un sabor ciertamente agridulce. Como Historiador del Arte me alegraba de que la Junta de Castilla y León retirara la estructura (ya popularmente conocida como «el cubo») que en el marco del Proyecto Escalas se había situado ante el excepcional porticus meridional de San Miguel de Escalada. Y por otro me indignaba que la hubiera retirado destruida por la acción de unos vándalos modernos que unos días antes la rociaron con gasolina para después prenderla fuego.
Obviamente no me preocupa el estado en el que quedó el cubo de metacrilato, sino el fuego que se produjo. Y me preocupa por el hecho de que a menos de veinte metros se encuentra el templo altomedieval. Un templo en el que encontramos varios elementos de madera únicos, entre otros la cubierta de la nave central. Lo que es realmente preocupante, en mi modesta opinión, es, en primer lugar, que a estas alturas existan comportamientos como los que dieron lugar a su destrucción. Y, en segundo lugar, que a veinte metros del edificio tuviera lugar un incendio incontrolado, que las acciones de estos a los que hemos llamado «modernos vándalos» (intuyo que no exentos de una cierta cultura, por su «objetivo estético») puedan destruir los restos epigráficos -”únicos y excepcionales-” de su pórtico. Estas y otras cuestiones son las que a mí particular y profesionalmente me importan.
Hay una administración que se ha preocupado y preocupa de su conservación (eso si, junto con los vecinos del concejo de Val de Escalada y la colaboración del Ayuntamiento de Gradefes). Muchos de ustedes., me dirán, y con razón, que es lo que tiene que hacer, que es su obligación. Y, cierto, así es. Pero también es cierto que la ha sido la única institución, organismo o asociación que ha solicitado un informe global sobre Escalada para, a partir de ahí, actuar en consecuencia y con el menor margen de error posible. Entiendo que esta es la mejor manera de actuar y espero que, una vez abierto el camino, se generalice en la administración la solicitud de este tipo de informes antes de actuar sobre el patrimonio.
Y eso es lo que está haciendo, actuando en consecuencia. Pero, sinceramente, hay que dar tiempo al tiempo. Y que conste que no es este un alegato en defensa de la administración, simplemente a las pruebas me remito. A mí, si alguien me tiene «rendido a sus pies» es San Miguel de Escalada, un edificio al que le he dedicado 15 años de mi vida, una tesis doctoral, un libro y un proyecto científico. Lo que quiero decir es que -”en mi modesta opinión y como historiador del arte, reitero -” la administración está haciendo en San Miguel lo que debe, otra cosa es que lo haga lentamente y exijamos una mayor celeridad en el proceso. Todos nos equivocamos alguna vez; pero una equivocación «estética» del tipo de la acontecida no pone en peligro el templo alto-medieval y, sin embargo, la reacción que ha tenido lugar si que lo ha hecho, ha puesto en peligro el edificio; o cuando menos su fragilidad. Por eso resultaría muy conveniente delimitar un Área de Protección Arqueológica en torno al conjunto monumental de San Miguel de Escalada.
Pero llevar al plano de la realidad, a la materialidad, un proyecto de tal envergadura, lleva su tiempo y su recursos; y los «tiempos» de la Administración ya sabemos todos que son los que son y, además, inamovibles (pero no solo en Castilla y León sino en todas las comunidades de España); son burocráticos y políticos, como no podía ser de otra forma. Y el «tiempo del conocimiento» y el «tiempo de la investigación» se mueven en otros planos de interés y, además, a muy distinta velocidad incluso entre ellos. Es la «época del conocimiento» y la sociedad cada vez requiere más información; reclama la creación de centros de transmisión de conocimiento (conocidos como centros de interpretación o aulas arqueológicas). Pero al conocimiento solo llega a través de la investigación. Recordemos que la divulgación es tan solo la última etapa de un largo proceso que comienza con la toma de datos y su posterior estudio.
La «paciencia es la madre de la ciencia» dice el sabio refranero popular. Y eso es lo que creo que hay que poner sobre la mesa ahora mismo en torno a San Miguel de Escalada, un poco de paciencia. Y diálogo. De haber sido así yo no habría redactado esas líneas. Si algo le puedo pedir a la administración como ciudadano y como historiador del arte es que atienda lo antes posible las necesidades de conocimiento que reclamamos los investigadores y la sociedad en relación a San Miguel de Escalada y a otros muchos edificios singulares medievales de la comunidad de Castilla y León. Saquemos entre todos y de una vez para siempre a San Miguel de Escalada de ese «entramado de tiempos» en el que, por unas cuestiones o por otras, ha estado atrapado durante casi 1100 años. Recordemos que si el año que viene conmemoramos el undécimo centenario del Reino de León, dentro de tres, en 2013, el templo de San Miguel también cumplirá 1100 años. Un cumpleaños que habrá que ir pensando en celebrar como se merece, ¿no? Y un Aula Arqueológica sería un bonito regalo de cumpleaños para empezar, ¿no creen ustedes?