la opinión del lector (I)
Inconformistas
Se ve que el Papa se ha equivocado al elegir a monseñor José Ignacio Munilla como nuevo obispo de la diócesis de San Sebastián. Tenía que haber consultado de antemano a los 131 eclesiásticos contestatarios, para conocer, no los planes pastorales, sino los políticos, de esa clerecía selecta. Además, nombrar a uno que no es vasco, es poco menos que imperdonable. El candidato además, parece que tenía que ser uno que quisiera ser el títere de sus descontentadizos subalternos. Ocurre muchas veces, que no se dan los verdaderos motivos de las decisiones que se toman, y eso es tan habitual en política, que ya nos aburre, porque la careta que se exhibe es más aceptable que la cara que se oculta detrás. No conviene decir los verdaderos motivos, porque con frecuencia son inaceptables. En la diócesis de Astorga han tenido seguidamente tres obispos que no eran de la tierra: dos catalanes, y el actual que es gallego; a los tres los han aceptado como venidos de Dios, sin protestas ni reivindicaciones de ninguna clase, pero es que allí no saben mezclar la política con la religión, ni las anchoas con los cangrejos, ni se dejan llevar por exclusivismos regionalistas. El 77% de los párrocos de Guipúzcoa, dirigieron al nuevo obispo una carta de rechazo, pero no tuvieron la sinceridad y hombría de presentársela en persona, sino que fue una coz dada por Internet, eso sí, dada «con dolor, profunda inquietud, disconformidad y desaprobación». Lógicamente, la otra desaprobación venía del cristianísimo presidente de PNV, que definió al nuevo obispo de «ultraconservador, para despersonalizar y desarraigar a la iglesia vasca, por la excesiva personalidad del candidato». A este griterío, como el croar de las ranas en la charca, se unía EA, que pedía al elegido que tuviese «consciencia de la realidad social, y no se vaya a poner una persona que altere un poco la relación iglesia-sociedad vasca». A los 85 párrocos contestatarios, se suman otros religiosos igualmente celosos de la religiosidad de la diócesis, dando el total de 131 firmas de protesta. Suponen que la designación del nuevo prelado es «una clara desautorización de la vida eclesial de esta diócesis y una iniciativa destinada a variar su rumbo, que según dicen, es de «fidelidad al espíritu del Vaticano II», directrices de las que quizás no se haya enterado Munilla, hasta ahora obispo de Palencia. La contumacia es así de ciega y cerrada en lo suyo. Como la unión hace la fuerza, los inconformistas hacen una llamada a los feligreses de la diócesis: «Estamos convencidos de que no nos va a faltar el aliento del espíritu, ni la colaboración de tantos creyentes, que en estos momentos de incertidumbre, seguirá aportando lo mejor de su experiencia cristiana». Si todo esto no fuera verdad, habría que pensar que estamos asistiendo a una representación de farsa, producto de una imaginación desbordada y con ribetes de malévola. Todos recordamos la historia de Caperucita engañada por el astuto lobo disfrazado de abuelita. En el programa de televisión referente a este caso, la tónica general de los entrevistados era de conformidad, quizás porque los aires maléficos, aún no habían traído el virus de las altas capas atmosféricas. Cuando en el Evangelio, Pedro intentó reconvenir a Cristo que hablaba de su próxima Pasión y muerte, recibió del propio Jesús el calificativo de Satanás, por querer disuadirlo de su misión redentora de la humanidad.