Cornada de lobo | pedro trapiello
Querida Marigordi
Compadécelas, para ellas tienen. No te acomplejes por esos molletes que luces al cumplir dieciocho. A mí me parecen la espléndida razón de tu sazón. A tí te incordian y, aunque pasas de complejos y comes sin remordimientos, aunque te veo sanota de tarro y efervescente de simpatías, has envidiado a veces a las más culiguarris y peripuestas de tu instituto (multiplícalas por cuatro en la universidad madrileña a la que vas). ¿Ya sabes el tiempo, pasta y chuleo a papá que les cuesta ponerse en escena? La imagen, la marca y el floreo son su universo, pero es tan grande el cosmos del glamour y la pijada, que es posible que se pierdan. Dependen del disfraz y tardarán en averiguar cual es su verdadera piel, qué les gustaría ser y por dónde hay que trazar atajos en este vivir nuestro, un vivir tan de prestado y de boquilla, que hay quien piensa que se puede ir de farol toda la vida.
Sé que hay días en que te culpas por tener cuerpo de chándal y no cuidarte, que te hurga el parecer invisible en tus pocos sábados con amigas. Me dices que pasas de rollos, ruidos y tíos bocazas que van pedos o huecos. Supongo que esto hizo que te centraras más en el estudio. Vas de sobresaliente y lanzada, me cuentan tus padres. ¿No te riñen por salir poco y enredarte con el ordenata hasta noche entrada? Sé que ahí has conocido buena gente. El mundo es enorme y algunos latidos lejanos que internet mete en tu cuarto suenan a ciertos. Hay gente inteligente, solidaria, sensible y comprometida con su tiempo, la tierra, las relaciones. Hay vida fuera del aula y más allá de la plaza de la Píjara. Y sueñas. Te vendrá bien Madrid y te acabará pareciendo poca su lejanía. Recorrerás mucha Europa como universitaria. Te será fácil lograr brillo académico y buen empleo cuando te doctores. Triunfarás. Tienes muy buena madera. Y molletitos. ¿Y qué?...
En cuanto a la culiguarri cuyo aire y guapura envidiabas, tienes razón, pillará anillo por la cara guapa, pero al poco la dejarán; bien pensionada, claro, aunque envidiando entonces tu trabajo chulo en Bruselas, tu total independencia y el sencillo y elegante desdén con que vestirás tus curvas, mientras ella seguirá aquí, en su noria, presa del palmito, del cirujano y del escaparate.