El TS ordena un nuevo juicio del caso del hombre en coma tras una operación
Meño y sus padres, en la sala del TS, antes de iniciarse la vista del pasado 3 de noviembre.
«Ha sido una lucha muy fuerte, una batalla de titanes». Juana Ortega no salía de su asombro. La Justicia al fin recompensaba la lucha por su hijo Antonio, en coma tras una operación de cirugía estética realizada en 1989. Pasaba el mediodía de un frío y lluvioso martes en Madrid cuando recibió la buena nueva. Apagó el fogón del camping gas de su tienda de campaña y se sentó en una silla para asimilar el trance.
Su abogado le acababa de comunicar que el Supremo, en una decisión excepcional, le había dado la razón y confirmó que durante 21 largos años los médicos le habían ocultado pruebas claves del caso. La Sala de lo Civil había admitido su demanda de revisión del caso, anulado la sentencia del alto tribunal que le había condenado a pagar 400.000 euros en concepto de costas, y ordenado repetir el juicio desde su punto de partida. La sentencia considera probado que las declaraciones del nuevo testigo en la vista celebrada el pasado 3 de noviembre fueron definitivas para concluir que hubo una «maquinación fraudulenta» de las pruebas para favorecer a Francisco González Martín-Moré, el anestesista que trató a Antonio Meño.