María José Campanario se enfrenta a una petición de cuatro años y medio de cárcel

Los abogados de los acusados de la operación Karlos piden la anulación del juicio

María José Campanario, junto a su marido, el torero Jesulín de Ubrique.

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efe | cádiz

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Abogados de los acusados de la operación Karlos pidieron al presidente de la sala III de la Audiencia Provincial de Cádiz, Manuel Grosso, la anulación del juicio de la operación Karlos que dió comienzo ayer por la tarde en Cádiz. La Audiencia enjuicia a una treintena de acusados de estafar a la Seguridad Social para obtener fraudulentamente una incapacidad laboral, entre ellos la esposa del torero Jesulín de Ubrique, María José Campanario, que se sentará en el banquillo bajo una petición del fiscal de cuatro años y medio de cárcel.

El primero en solicitar la anulación del juicio fue el letrado Felipe Meléndez, defensor del inspector médico Francisco Casto Lara (uno de los principales imputados), quien se refirieron a los principios de acuerdo que algunos de los acusados podrían haber alcanzado con la Fiscalía.

Meléndez cuestionó la imparcialidad del juicio y consideró «de suma gravedad» que haya «dos grandes bloques» en el banquillo de los acusados, «los conformes, quien se conforma con el relato de los hechos», y los «no conformes, que no están dispuestos a acogerse al escrito de calificaciones». Además, este letrado pidió que se anulen las escuchas intervenidas durante la operación Karlos ante la «falta de control del juez de instrucción».

Por su parte, Francisco Baena Bocanegra, abogado de María José Campanario y de su madre Remedios Torres, calificó el juicio como la «instrucción don teléfono» porque todo el caso «se ha montado a través de las escuchas telefónicas». Baena Bocanegra incidió en que «la verdad no se puede conseguir a cualquier precio» y que «las grabaciones no han hecho otra cosa que contaminar todo el procedimiento».

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El defensor de María José Campanario se refirió también a los posibles pactos que podrían haber llegado algunos de los acusados y afirmó que «no le preocupa», sobre todo después de haber escuchado a su cliente decir: «somos inocentes, no pacto mi dignidad».