| PEDRO TRAPIELLO
Los «espantes»
n la vecina (y por ello desconocida) Zamora bulle en el numen popular todo un catálogo de festejos muy propios, ritos, mitos, hierofanías... o cabras voladoras desde la torre de una iglesia donde el cordero era de Dios, pero la chiva, de los mozos, cosas de Manganeses de la Polvorosa, aunque en el también zamorano Manganeses de la Lampreana no se les ocurrió lanzar desde el campanario lampreas o chicharros en escabeche, mira tú, rica sugerencia que podría ser aceptada lo mismo que en el Cristo de Palencia lanzan «pan y quesillo» el día de san Antolín y hay tortas y descalabramientos por atroparlo, ¡ostí, qué bien lo !, dijo un .
También son muy zamoranos algunos festejos taurinos que no se ven en otro rincón de esta España con cuernos, corneada o esmochada, y no nos referimos sólo al bicho que burlan y burean por las calles de Benavente. En la comarca de Fuentesaúco, entre junio y julio, celebran regularmente con los toros en manada algo que llaman «los espantes» (el cercano pueblo de Guarrate los ha declarado este año «patrimonio inmaterial» para que no les vengan después jodiendo la marrana y los novillos).
Los espantes se hacen a campo abierto donde una espesa mocedad con palos recibe a cuerpo limpio a la manada de toros y mansos que viene arreando hacia ellos una cuadrilla de caballistas. A la señal, cerca ya los toros, se arranca a la vez la muralla humana y hacen retroceder a la manada bufando estaca y palitroque. Pero es normal que algún astado se cuele por entre la marea humana repartiendo topetazos y puntadas, añadiendo algún año lutos y bandera a media asta, como hace unos días en Lodosa, Navarra, donde un toro escapado del encierro entró en el portal de una casa y allí ajustició a un pobre paisano. Ni Sahagún se libra del tributo en vidas en sus encierros de San Juan.
No por ello se cuestionan o protestan estos festejos taurinos como las corridas. Y prohibirlos, nunca. Ni los catalanes (que se la cogieron con papel de fumar para abolir la «fiesta») se atreverían a tanto; este año se han autorizado más de cien en sus pueblos (si se llamaran , en castellano, otro cuerno sonaría).