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PEDRO TRAPIELLO
León

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Hay arquitectos a los que habría que condenar a vivir en los edificios que proyectaron.

Hay arquitectas que también.

Dibujada en un papel, una casa es una cosa... y cuando se habita, otra bien disinta a menudo.

Más que lo chula o confortable, lo que hace grata una vivienda es la economía de esfuerzos y que no haya líos o absurdos. Si la despensa está a diez metros de la cocina, por jemplo, la madre del arquitecto será mentada cada vez que haya que ir al polo sur a por una lata de bonito para la ensalada; y si esa despensa es solamente un lóbrego cuarto con ventano y bombilla en el sótano del adosado, el recuerdo es para la familia entera.

¿Sabrá un arquitecto ponerse en el papel de la mujer cuando coloca la cocina en sus planos?

¿Y supieron los arquitectos del Auditorio ponerse en el papel de los operarios de limpieza al proyectar esa fachada de blancura mediterránea poco vista por aquí?... A Sócrates le parece complicado limpiar esos cristales en sus huecos en rampa, que por cierto, acumulan ya tanta giña, polvo y roña, que todas esas oquedades parecen las enormes ojeras de un enfermo del hígado o de una discotequera gótica... es un polvo persistente que engorda con el tiempo y se hace costra gracias al tufo cementero de estos aires y a los sulfuros de los tinueve mil vehículos que al día pedorrean sus escapes en las rotondas y arterias que tienen sitiado a este «monumento» de arquitectura premiada.

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Se ve: ni el viento que barre ni la lluvia que lava la cara en cualquier edificio llegan aquí al fondo de esos ventanones. ¿Consideraron los arquitectos este detalle al planear ese alarde de fachada?... ¿habrá que contratar escaladores para limpiar o se hará con andamiaje y pasta al canto?... ¿bastaría con unos buenos manguerazos que le diera un jardinero o, ya puestos, el Coche de la Bonifacia?... Sócrates se inclina por el método del maguerazo porque le parece resolutivo, rápido y, sobre todo, barato... dice que esos ventanos están pidiendo a gritos lo que él le cantaba de guaje y de lejos a los barrenderos con manguera: la manga riega que aquí no llega, si llegaría, me mojaría .