Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

Creado:

Actualizado:

Ahí al lado, en Marruecos (no es Afganistán), quiere el islamismo «parlamentario» que las televisiones del país retransmitan obligatoriamente las cinco llamadas a oración que preceptúa el Corán en cada jornada («señores televidentes, al escuchar la última señal, pónganse todos de rodillas»). Es, más o menos, como si aquí se volviera a retransmitir el Ángelus tal y como se hacía en las radios del franquismo, pero cinco veces al día (imagino al Jorgejavier: «hacemos un alto y volvemos tras el cuarto ángelus del día»... y a la Belén Esteban hincándose de fervor y haciéndose cruces).

El islamismo que alimenta el legítimo cabreo árabe sublevado está moviendo Cecas y Mecas por salirse con la suya. Y la suya es que la religión se colará como reinona en las nuevas constituciones (Túnez, Libia, Marruecos, Argelia, Egipto, mañana Siria, Mali, Nigeria...) y los dogmas revelados por los cielos a los profetas y venerables mahometanos tendrán su escaño en unos parlamentos que parecerán misas cuando inicien sus sesiones con algo parecido a la muletilla ritual de «nuestro auxilio está en el nombre del Señor»... respondiendo la Cámara «está, está».

Tras las primaveras árabes llegarán veranos moros con sol de justicia, esa justicia celestial que se cae verticalmente y se aplica de canto o a pedrada limpia en cualquier lapidación.

Serán «democracias» tan peculiares, que allí acabará uno en la cárcel o en la tumba por echar un quiqui adúltero con la vecina... y en el patíbulo por dibujar un chiste de Mahoma o espetarle un cagonrós al muecín.

Las élites de esos países árabes, sus clases acomodadas, estudiaron en Occidente, gustan de lo occidental y visten a su estilo (de vez en cuando, hacen su teatro con ropón étnico), creen tanto en su religión oficial como aquí un abad de cofradía en la suya, hacen sus fabulosos negocios con occidentales y en su opulencia relajaron costumbres que el pueblo mísero de esos países repudia desde el único refugio que les permite su pobreza, la fulminante verdad de Alá incendiada en los braseros de una mezquita.

Cargando contenidos...

Ahí la vida vale poco. Occidente ha celebrado estas primaveras, pero ignora el «sol de justicia» que traerá su verano.