CORNADA DE LOBO
Es un escaparate
Tenemos encima unas olimpiadas y debajo un polvorín... de ahí no sale el telediario: tremores en los mercados y medalleros vacíos... así no escapamos del pavor y la tristura.
Profetizaron triunfos y metales que elevarían el decaído ánimo español (Rajoy lo rogó), pero se teme que estas olimpiadas habrá que tragarlas sin mayor emoción patriótica viendo a gentes lejanas en la palestra, porque los nuestros, poco a poco, se van volviendo a casa, hala, acarreando de Londres más carros de tristeza depresiva por si aquí teníamos poca, ay, qué destino.
Y si no salen españoles a la cancha o en pantalla, ¿cómo entretenerse ante las toneladas de televisión que todavía nos caerán encima con directos, refritos, podios y chundaratas?... Los tíos lo tienen claro, elegirán voley-playa femenino para ver patorra fina y posturitas, pues si las animadoras en bañador que salen en los tiempos muertos están imponentes, las jugadoras no van a la zaga y aún lucen mejor tipo (han instalado este espectáculo en una preciosa y monumental plaza londinense que se abarrota; saben que es negocio creciente este deporte tan fitness ).
Y las tías no imagino qué podrían elegir. Seguramente cambiarán de canal.
Una forma de entretenerse es contar los deportistas africanos (o filipinos, pongo por caso) que puedan asomar en modalidades olímpicas como equitación, esgrima, natación, ciclismo... vela, bádminton, gimnasia o aguas bravas... ¿uno, cinco, ninguno?...haz apuestas.
Otros (otras) se entretienen fisgando prendas o comparando equipamientos deportivos de diferentes países para llegar a la conclusión de que la firma rusa que diseñó los chandals y trapos a España (cosidos en Italia) también se los hace a otras naciones, así que alguno se consolará con el «mal de muchos»... y otros temblarán al ver que lo primero que se hace global en este tiempo es la dictadura del hortera y el gusto universal por los colores horrendos que más chillen o destellen, pordiós, qué peste de fosforitos. Hasta la reina se hizo valla publicitaria luciendo esas prendas con la marca allí petada. Y es que unas olimpiadas son un fabuloso negocio: cada millón de ojos se convierte en millón de dólares.
En fin, tómatelas como escaparate.