EL ABANICO
Tras los 80
Aveces tengo la sensación de que el tiempo vuela, de que pasa demasiado deprisa, y otras de que va a cámara lenta. Una percepción que se acrecienta cuando veo a mujeres que con 80 años siguen despertando la admiración del público, independientemente de sus arrugas, de sus fracasos, de sus éxitos, incluso de su físico. Es el caso de esas dos grandes estrellas que fueron Sofía Loren y Brigitte Bardot, retiradas de los escenarios pero muy presentes en la memoria colectiva de una generación que como la mía creció no solo admirando su físico, espectacular, sino su forma de vida, tan libre y sin más ataduras que las del corazón.
Ambas son noticia esta semana porque han llegado a los 80 en inmejorables condiciones físicas y mentales. Cada una a su manera eso sí. Briggitte Bardot enclaustrada en su refugio de La Madrague, en Saint-Tropez, a donde se retiró después de abandonar el cine y donde sigue viviendo entregada a la única causa que parece motivarla, la lucha por los animales, ahora que ya los hombres han pasado a ocupar un segundo o tercer lugar en su vida. Criticada y vapuleada por su apoyo a la ultraderechista Marine Le Pen, la actriz dice no arrepentirse de nada.
La historia de Sofía Loren es la otra cara de una misma moneda. Activa y vitalista como es nadie al verla podría decir que tiene la misma edad de la Bardot. Quizá porque mientras la francesa no encontró la horma de su zapato, la italiana sí. Tropezarse con Carlo Ponti, su marido, fue lo mejor que le pudo pasar. De gran fortaleza física Sofía es la madre y la mujer que todas quisiéramos ser. De ancha sonrisa, y vistiendo siempre como corresponde a una gran actriz, celebró su 80 cumpleaños junto a uno de los hombres más ricos del mundo: Carlos Slim, que le organizó una fiesta en su museo de México a la que asistieron sus dos hijos Carlo y Eduardo, el actor Andy García, y el presentador Larry King que ejerció de maestro de ceremonias, y de decirle que querer es poder. Y que para poder estar como ella hay que sacrificarse pero también saber disfrutar de la vida a tope.