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León

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Liturgia dominical

JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES

La frase del título no siempre ha sido bien interpretada. Y es que lo que es de Dios es lo que Jesús vive y anuncia, el Evangelio, pero no concreta «lo que es del César», es decir, de las realidades terrenas. Por ello, al elegir opciones y actuaciones de tipo social y político, el creyente escoge según su propia conciencia, a la luz de un Evangelio que sí ofrece criterios para decidir qué decisiones temporales se pueden tomar.

En la presencia pública y social no puede haber zonas independientes de nuestra fe. Esta conlleva servicio a la verdad, la justicia, el amor, la libertad, la fraternidad. El relato nos hace ver que Jesús rehúye la trampa y no porque sea indiferente a la cuestión, sino porque respeta la libertad de las diversas opciones. Ni antes ni ahora se puede presentar una opción temporal como la de Dios, la de la fe. Habrá que saber unir dos afirmaciones que parecen contradictorias. La de la primacía de Dios, que exige que toda nuestra vida esté penetrada de la fe, y la de que no se pueda deducir una forma única válida de presencia en la sociedad. Las opciones pueden ser diversas, ya que diversos son la situación social, las convicciones, los análisis de la realidad, las prioridades....

Más que una respuesta, Jesús formula un reproche: os preocupáis por problemas secundarios y dejáis de lado lo principal, que Dios es Dios. A pesar de estas palabras, ¿cuántos de nosotros no hemos pasado por alto las obligaciones principales para poner alma y vida en cuestiones secundarias? ¿Un caso: cuántas veces nos esforzamos en no dejar las «prácticas piadosas», pero ignoramos a los pobres de nuestro lado? Habría muchos ejemplos que poner. Jesús, que sabía bien lo que era principal y lo que era secundario, dedicó su vida a lo principal, que era el anuncio del Reino. Ahí está nuestra misión principal: anunciar el Reino de Dios. Puesto que este se identifica con Jesucristo, nuestra tarea es anunciarlo a Él. Esta es la opción principal.

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También hoy se sitúa el Día del Domund, el día de caer en la cuenta de que la misión del cristiano es llevar a Cristo a todos: la fe no es un tesoro que uno tiene como propio, sino un don de Dios que, porque se valora, se quiere ofrecer a los demás. Así lo dice san Pablo: la fe ha de ser activa para propagarse. Habrá que guardar respeto hacia los no creyentes, pero nunca se podrá acallarla misión. Es lo principal. Por eso exige una «convicción profunda».