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borja robert | madrid
León

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La hospitalización del tercer sospechoso por ébola, el jueves en Madrid, no fue como la del resto. Desde las 20.00 horas hasta la medianoche del jueves circularon dos versiones contradictorias sobre su paradero. Su orden monástica, la Hospitalaria de San Juan de Dios, aseguró que el misionero estaba ingresado, desde esa tarde, en el hospital Carlos III. Desde el centro sanitario, por su parte, decían que no. Que allí sólo habían llegado dos personas -el pasajero de la ambulancia sin descontaminar y el ciudadano nigeriano-. En torno a las 00.10 horas del viernes las dos historias confluyeron en una: apareció una ambulancia y se aisló al paciente en la sexta planta. Desde el Comité especial, que centraliza la gestión y la comunicación de la crisis, nadie ha explicado nada.

La rectificación la tuvo que hacer, ayer, la Orden de San Juan de Dios. En un comunicado en el que confirmaban -de nuevo- el ingreso del misionero, aseguraron que éste «ha estado localizado en todo momento, y sometido al protocolo de vigilancia desde su llegada a Madrid el pasado sábado 11 de octubre». Además, para atajar rumores, señalaron que no había estado hospitalizado ni había sido atendido por ningún otro dispositivo sanitario.

El jueves fue el primer día convulso desde que el Gobierno formó el comité especial para la gestión del ébola. Y aunque sus portavoces prometieron transparencia y una información constante a la opinión pública, no guardaron el compromiso. La jornada con posibles nuevos casos fue la que eligieron para omitir la comparecencia vespertina de un portavoz. Durante cuatro horas, entre rumores, comunicados, confirmaciones y desmentidos, no se supo donde estaba un paciente sospechoso de contagio por el virus.

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