EL CASO DE LOS NIÑOS DESAPARECIDOS
El certificado de defunción de la leonesa sor María levanta sospechas sobre su muerte
El número del parte de fallecimiento de la monja acusada del robo de bebés y la copia del Registro Civil no coinciden
Sor María el día que fue citada al juzgado
El 24 de enero de 2013 las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl anunciaban el fallecimiento de María Gómez Valbuena, sor María, la monja de 87 años imputada en dos supuestos casos de bebés robados. Había muerto, dijeron, dos días antes. El anuncio llegó con la religiosa ya enterrada. Sor María era una pieza clave en la trama que actuó en hospitales públicos y clínicas de todo el país desde los años 50 hasta finales de los 80. Su fallecimiento causó una tremenda decepción entre los afectados, que no se lo acabaron de creer.
La orden religiosa informó entonces de que sor María estaba «muy enferma», idéntica razón que alegó para no declarar cuatro días antes ante uno de los dos juzgados de Madrid en el que estaba encausada por detención ilegal y falsedad documental.
De sor María aseguraron los testigos en sede judicial que tenía un control absoluto sobre las adopciones.
El certificado de defunción de María Gómez Valbuena fue firmado por el doctor Enrique Berrocal Valencia. Un médico especialista en Medicina Interna que pasa consulta en el Hospital Central de la Cruz Roja de Madrid. La religiosa, dice el documento, murió a las ocho de la mañana del 22 de enero de 2013 de una insuficiencia respiratoria derivada de problemas cardiacos y pulmonares.
Todos los certificados de defunción llevan un número de parte para acreditar su registro. En este caso fueron ocho dígitos: 11626457. Este código debería coincidir con el certificado literal que después se entrega al Registro Civil para que la administración tenga conocimiento efectivo del deceso.
Sin embargo, en el caso de sor María el número no coincide. Según el documento incluido en el sumario, la sección tercera del Registro de Madrid conoció el fallecimiento de la religiosa con el parte 11627633, es decir que las cuatro últimas cifras difieren sin motivo conocido, más allá de un posible fallo administrativo que por ahora no ha sido corregido ni se ha notificado a las partes. El resto de los datos son correctos.
La evidencia ahora de que los certificados de fallecimiento y literal no coinciden vuelve a levantar suspicacias sobre el deceso de la religiosa.