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JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES
León

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Liturgia dominical

El evangelio nos presenta a Jesús que, tras multiplicar panes y peces, pasa a hablar del pan de vida. A partir del hambre física de la gente que acude a escucharle y del pan multiplicado, Jesús nos llevar a otra hambre y otro pan. Pregunta: «¿Para qué alimento trabajáis?». Pensemos que nuestras hambres revelan lo que somos: queremos comer, desde luego, pero queremos mucho más (conocer, disfrutar, tener un trabajo decente, amar, ser amado...). Ahí están nuestras hambres y los alimentos que buscamos.

Jesús quiere orientar a los oyentes hacia el hambre profunda, la de vivir intensa y eternamente: «No os preocupéis únicamente del hambre que pasa, sentid en lo más íntimo de vuestro ser el hambre de una vida inacabable». Le cuesta trabajo sacarlos de sus ilusiones fáciles y materialistas. No quiere entrar en discusiones: «Nos has dado pan. Moisés nos dio maná. Sois iguales.¡Haz tú un signo mayor!». ¡Quién sabe si nosotros, en secreto, no estaremos esperando lo mismo! Demuestra, Señor, que existes, que eres omnipotente, que escuchas nuestra oración, que los sacramentos producen su efecto. ¡Demuéstralo! ¡Haz signos! Quizá sea ésa nuestra hambre. Hambre de ventajas de tener fe, de lo espectacular, de lo rápido y fácil. El pan simboliza la vida. Jesús-Pan es Jesús-Vida. Dios quiere que tengamos un hambre terrible de lo que él soñó para nosotros y para saciar ese apetito nos da a Jesús. Ese es el plan de Dios sobre nuestra vida. Entramos en él cuando creemos en Aquel que él ha enviado; cuando tenemos, no unas pequeñas hambres, sino un inmenso deseo; cuando creemos que Jesús es el único pan para este tipo de hambre.

Creer en Jesús exige identificarnos con él, tener «sus mismos sentimientos», aceptarlo a Él como Camino, Verdad y Vida. Nuestro camino, nuestra verdad, nuestra vida. La verdad es el camino para llegar a la auténtica libertad: «La Verdad os hará libres» dice Jesús a quienes creyeron en Él. Esa Verdad es Él mismo. Por eso, la fe es camino de libertad, porque nos hace conocer y vivir la Verdad. Jesús, que nos quiere libres, nos dice: «Este es el trabajo que Dios quiere: que creáis en el que Él ha enviado». La fe nos abre a la identificación con Jesús, como un trabajo que acoge y asimila la gracia divina, los dones del Espíritu, la propia vida de Cristo. La fe, así contemplada, es un esfuerzo para alcanzar la verdadera libertad de los hijos de Dios de que nos habla Pablo. Tener fe pasa necesariamente por el camino de la libertad. Esta es la cruz y la gloria del creyente. Vivir la cruz de la libertad. Conquistar a diario su parcela, buscar vivir libremente nuestra fe: ahí encontramos el mensaje que hoy nos ofrece la experiencia de los israelitas en el desierto y la palabra de Jesús en el Evangelio.

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